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HISTORIA DE LA LECHUGA La (lactuca sativa L.) o lechuga es una planta hortícola de indudable importancia en la cocina y en la medicina mediterránea desde hace ya más de dos mil años, aunque los primeros usos que se hicieron de ella fueron para la obtención de aceites de su semilla. En la mitología egipcia, a mediados del Reino Antiguo (3000-2200 a.C.) encontramos un enfrentamiento entre el dios Horus y su tío Seth que tiene mucho que ver con la planta de la que contamos su historia y la lucha que tuvieron entre ambos y que tiene tintes de homosexualidad. Según la mitología Seth intentó violar a Horus para, posteriormente, acusarlo ante los dioses de ser indigno de gobernar Egipto, pero Isis, madre de Horus ingenia una estratagema consistente en engañar a Seth y recoger su semen, el cual es depositado en una lechuga, la cual se la sirven en el desayuno previamente al juicio ante los dioses. Para acusar a Horus, Seth invoca a su semen para que surja de donde se encuentre y para sorpresa de todos este se manifiesta sobre su propia cabeza bajo la forma de un globo o disco. Ante la evidencia el tribunal divino decide que Horus sea coronado rey de Egipto. (J. Gwyn Griffiths, The Conflict of Horus and Seth from Egyptian and Classical Sources (Liverpool, 1960); H. Te Velde, Seth, God of Confusion (Leyden, 1967).) De planta silvestre, que posiblemente fue originaria de la India, según la enciclopedia Sopena, fue domesticada en el Próximo Oriente a partir de la especie (Lactuca Serriola L.) alcanzando pronto una diversidad extraordinaria como atestigua Teofrasto (372 a.C. - 287 a.C.), seguido del gaditano Columela, el cual le dedica varios versos en 'De re Rústica', dando incluso la fórmula para hacerla en conserva. Les siguen en sus descripciones y estudios Plinio y Paladio los cuales hablan sobre la obtención de una 'lactuca multiplex'. De la importancia que le dieron los romanos es uno de los mejores tipos actuales, aunque no el más extendido, que se sigue llamando hoy día 'lechuga romana'. Del griego Florentino, que vivió en la primera mitad del siglo III y que fue autor de unas Geórgicas, encontré muchas referencias sobre esta planta, comenzando por decir que la lechuga es una verdura jugosa y refrescante y que por eso viene bien contra las inflamaciones ardientes, para seguir diciéndonos que es un alimento que no produce sed, es soporífero y estimulante de la leche. Cocida, continua Florentino, se vuelve más nutritiva y distrae de la unión sexual, por lo que los pitagóricos la llaman 'eunoûchos', osea, 'el guardián del lecho' y las mujeres 'astytis', palabra relacionada con 'astysia' o dicho en castellano impotencia. Recomienda, si se desea recolectarlas con hermoso aspecto, atarles las cabelleras, es decir, las hojas superiores, pues así serán blancas y hermosas o también esparcirle desde arriba arena. También hace recomendaciones para cosechar las más jugosas y carnosas, sin que desarrollen el tallo, quedando achaparradas y redondeadas si son trasplantadas y regadas. Cuando alcanzan el tamaño de un palmo aconseja cavar alrededor de manera que las raíces queden al descubierto, recubriéndolas con excremento fresco de buey, regándolas enseguida. Cuando crezcan, comenta, hiende el brote con un hierro muy afilado y ponle encima un fragmento de vasija sin empegar para que aumente de tamaño a lo ancho y no a lo alto, recomendaciones similares hacen Columela y Plinio. Hay un consejo sorprendente y que se refiere a obtener lechugas perfumadas si se le introduce en su semilla una de cidro y se siembra así. Sobre sus cualidades curativas o medicinales comenta que la lechuga despierta el apetito, baja la inflamación, refrena la actividad sexual, y tomada junto con vino dulce o vinagre templa la hiel; con hisopo y vinagre ayuda al hipocondrio; frita en aceite de rosas hace desaparecer el cólera. No hay duda que en la antigüedad se tenía a la naturaleza y las cosas que daba al hombre un sentido mágico, de ahí el rosario de virtudes que tiene la lechuga y que le concede las siguientes cualidades: Si se toma su látex hace bajar la hinchazón de las entrañas y untada con leche de mujer hará sanar la erisipela. Ahora sigue una serie de excelencia que da la lechuga que puede dejar perplejo al lector, sobre todo cuando comenta que triturando su semilla y bebida curará a los que han sufrido la picadura de un escorpión, alivia el pecho enfermo y si se coloca debajo del colchón de un paciente, no especifica tipo de enfermedades, sin que lo sepa y recolectándola con la mano izquierda con su raíz antes de la salida del sol sanará. Aunque pueda parecer una fantasía del que escribe puedo asegurar que está casi copiado de sus escritos al pie de la letra. Si se aplica el jugo de la lechuga sobre la frente del enfermo traerá sobre él el sueño, algo que debo de probar porque siempre tuve insomnios, de todas formas si algún lector lo experimenta le rogaría que me escribiese para contármelo. Oftalmológicamente de atribuye la cualidad de que si se come con frecuencia detiene la ambioplía y proporciona una vista penetrante, sobre todo si es dulce. Si se comen en gran cantidad sueltan el vientre y si en poca lo contiene, y atenúan el catarro, algo que también contradice Plinio y Dióscenes los cuales postulan que si es tomada en exceso perjudica la vista. Entre las maravillas de esta planta hay una que se refiere a la virtud que tiene para aquellos que viajan a países extranjeros para que no noten los sabores distintos de las aguas que beben si la toman en ayunas o tomarla previamente a una juerga ya que no se podrá emborrachar por más que se beba, coincidente con los consejos de Plinio. Volviendo a sus propiedades sexuales comenta que si se beben sus semillas previenen el derrame seminal, por lo que lo recomienda para aquellos que tienen habitualmente poluciones nocturnas. Para terminar, Florentino aconseja colocar cinco, tres o una hojas de lechuga, que en eso no es muy explícito, debajo del colchón de un enfermo en secreto porque eso le traerán el sueño, eso sí, si se hace de la manera que las que han sido arrancadas del tallo miren hacia los pies y las de la parte externa hacia la cabeza. Dídimo, cuyo nombre significa gemelo o mellizo, seguramente el teólogo cristiano más sabio del siglo IV, en el más difícil todavía, nos da la fórmula para obtener lechuga en la misma planta, y con las mismas raíces, apio, oruga, albahaca, y plantas semejantes, de la forma más sencilla jamás imaginada y que consiste en coger una cagarruta de cabra o de oveja, y horadándola, aunque sea pequeña, vaciarla limpiamente y meterles apretadas en el orificio las semillas de las plantas antes indicadas, enterrarla una profundidad de menos de dos palmos, extendiendo previamente en el fondo un estiércol suave y distribuyéndolo espaciadamente, después se echa encima tierra ligera y se riega con agua moderadamente, y cuando broten las semillas regarlas, esparciendo continuamente estiércol; cuando desarrollen el tallo otorgarles muchos más cuidados y entonces nacerá una lechuga con las semillas que se enterraron. Pero, continúa, otros abren dos o tres cagarrutas de cabra o de oveja, las llamadas sirles, mezclan con ellas las semillas, las ponen en un pañuelo, lo anudan y lo entierran, otorgándoles los demás cuidados y obtienen lechugas de variedades diferentes. Tanto Paladio como Plinio se hacen eco de este sistema por lo que supongo que tomaron todos las mismas fuentes ya que en el caso de Paladio es exactamente igual que al que nos cuenta Dídimo. En la Edad Media decayó el consumo de lechugas incomprensiblemente, encontrando una referencia a ella en el Códice Romanoff atribuido a Leonardo da Vinci en el que comenta sobre la lechuga lo siguiente: "La lechuga, debido a su alto contenido de humedad, despierta el apetito para otras comidas, y en consecuencia no debe ofrecerse al principio de una comida a menos que vuestra despensa esté bien nutrida. Si la cocináis en aceite resultarán beneficiosas para calmar la tos y pueden también utilizase como laxante; pero si se toman en cantidades excesivas, o demasiado a menudo, pueden dañar la vista. Mi cocinera Battista gusta de servirme lechuga sin lavar en un caldo de color marrón que tiene sabor a limón. Temo que no soy muy aficionado a ellos y, por lo general, se lo doy a mi perro, si puedo hacerlo sin que Battista me vea. La leche que chorrea de una lechuga cuando se corta el tallo principal favorece en gran medida al sueño tranquilo, si obtenéis la suficiente para empapar un poco de pan, aunque se afirme que no se vierte en los ríos o en el mar puede hacer que mueran los peces". Se sabe que fue llevada por Colón a América en el año 1494 con otra gran cantidad de semillas. Mariana de Neoburgo, esposa de Carlos II de España, ordena que le echen a la olla podrida más berzas o repollo, así mismo escarola, lechuga o cardo para las aves guisadas. Según la temporada se daban una o dos coliflores al día para su plato de 'regalo', docena o docena y media de alcachofas y una libra de criadillas de tierra. Martínez Montiño, el célebre cocinero de Felipe III y IV, fríe en la grasa de cerdo las carnes o incluso en la grasa de vaca utilizándola igualmente para freír cebolla en la sopa de lechuga y para aderezar el esturión, lo que hacía que las digestiones fueran pesadas, conociéndose en el año 1684 el consumo de aceite que alcanzaba a las 1.637 arrobas y que se usaba para raciones y recompensas. De Martínez Montiño encontramos esta receta para hacer tallos de lechuga en conserva: "Hanse de tomar y mondarlos, y después de mondados, echarlos en sal, y de que esté salada, sacarla de la sal, y echarla en agua clara, hasta que esté desatada y ponerla a cocer hasta que esté bien cocida, y ponerla a escurrir, y luego ponerla en su vasija, y tomar azúcar clarificado, y echárselo hirviendo, como sale de la lumbre, y luego darle nueve cocimientos, hasta que haga el azúcar un punto que haga hilos entre los dedos". Isabel de Farnesio, esposa de Felipe V, utiliza las verduras como guarnición, apareciendo las judías verdes guisadas, las alcachofas y las espinacas como postre. Las puntas de espárragos acompañan a las tórtolas, las lechugas rellenas son guarnición de los pollos rellenos y el jamón cocido a la brasa es acompañado de espinacas. En Francia, en el siglo XVIII, vuelve a resurgir el gusto por tomarlas siendo su principal valedor el rey francés Luis XVI. Hoy día en la medicina naturista es una planta muy apreciada ya que casi la consideran una panacea por servir para combatir múltiples enfermedades, sirviendo como diurético porque ayuda la eliminación de la orina; el aparato digestivo, ya que libera de molestias flatulencias, protege el estómago y facilita la digestión; el aparato circulatorio, al prevenir arteriosclerosis y disminuir el colesterol; aparato respiratorio porque ayuda a combatir los ataques de asma y los espasmos bronquiales, así como para combatir la tos; para el aparato genital femenino en casos de dismenorrea al hacer un preparado en infusión de 100grs. de hojas de lechuga por litro de agua tomado en dos veces al día. En uso externo tiene muchas utilidades como analgésico, colirio ocular y desodorante natural entre otras muchas aplicaciones y también para enfriar los ardores sexuales, que esto es importante. Hoy día no se concibe una ensalada sin la lechuga, lo que la convierte en un magnífico alimento veraniego porque aporta una gran cantidad vitaminas y minerales. Aconsejamos leer otro artículo relacionado, y que está entre los de Cocina masónica, escrito por el amigo Pepe Iglesias en nuestra revista y para una información científica podrá encontrar, también en nuestra revista y dentro del diccionario de los alimentos, escrito por el catedrático Felicísimo Ramos 73 referencias a esta planta. |
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