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Este cuento pertenece al libro Historias para Filmar, publicado en Montevideo a principios de este año (2005). Antes de leerlo, conviene hacer algunas aclaraciones idiomáticas para entenderlo un poco mejor.
Mozo:
Camarero de restaurante o de un frankfurt. EL ALMUERZO- Muy buenos días caballeros…adelante por favor… Por aquí, la mesa está lista como de costumbre. Permítame señor Achával. El Maitre del lujoso y tradicional restaurante de la Avenida de Mayo, en Buenos Aires, ayuda a Roberto a quitarse el abrigo mientras con un gesto llama al Comís. - Voy al baño un momento –. Dice Jorge mientras deja su impermeable sobre el respaldo de la silla -. Andá eligiendo un borgoña para el puchero -. Le sugiere a Roberto. El Comís recoge las dos prendas y se retira hacia el guardarropa. - El puchero viene justo para mitigar este frío, señor Achával -. Opina el Maitre. - Si me lo permite, quiero recomendarle un Chateau Latour cosecha 1982, excelente vino de la región del Medoc y de buen cuerpo. Yo diría que es el perfecto maridaje para el puchero a la española. - De acuerdo, Carlos, vamos a probarlo. Mientras el Maitre se dispone a entregarle la carta, Roberto desarma la servilleta con forma de Capello di Cardinale, la abre y la coloca sobre su falda. El Mozo se acerca con una cesta de panecillos tibios y con la pinza coloca uno en cada plato de los comensales. - ¿Quiere elegir alguna entrada mientras tanto, señor Achával? Roberto coge la carta y comienza a estudiarla con un aire de experto gourmet. Llega el mozo y se para a su derecha con la comanda en una mano y la lapicera en la otra, esperando a que Roberto ordene. El Maitre le hace un gesto casi imperceptible al mozo para que adopte una posición más erguida y el tipo obedece de inmediato como un soldado frente al superior. Jorge regresa y mientras se acomoda los genitales con la mano derecha en el bolsillo del pantalón, el Maitre le corre la silla para que se acomode e inmediatamente le entrega la carta. - ¿Que vas a pedir de entrada, Rober? - Estoy viendo, no se…unas mollejas tibias al Chardonnay o unas angulas al Pil – Pil. -¿Qué te parecen unas ancas de rana? - Mmmm no, no. Prefiero un cebiche mixto peruano. ¡Eso, tráigame un pancho!.* El mozo toma nota y espera la orden de Jorge mientras Roberto rasga el pancito y comienza a untarlo lentamente con mantequilla aromatizada al tomillo. - Tráigame unos ostiones a la parmesana... no…mejor un sándwich de milanesa.* El Maitre interviene de inmediato. - Nuevamente me permito sugerirles un vino para la entrada que han elegido. Nos acaba de llegar de Chile, un Mont Gras Chardonnay cosecha 97. Exquisito. - Bueno, dele nomás Carlos, usted es el experto. Entonces, que sean dos las cocas.* - Permiso, caballeros. El Maitre y el mozo se retiran, Jorge los sigue con la mirada e inmediatamente se acerca a Roberto para hablarle en forma confidencial. - Te garantizo que Piu Bella se queda con nosotros. El gerente de Marketing esta buscando otra agencia…me lo dijo Santoyani. ¡ Es posta loco!. Quieren concentrar todos los productos en una sola agencia y si los enganchamos, ponemos la nuestra propia con este cliente top. - ¿Y cuanto quiere morder Santoyani en el traspaso? -. Se interesa Roberto mientras juntas unas miguitas de pan con la punta de los dedos y la deposita en el plato. - El tipo pide el 15% de la facturación y control sobr…-. Jorge advierte la presencia del sommelier que apoya la botella a un costado de la mesa y luego de saludar, solicita la aprobación del vino exhibiendo su etiqueta. - Está bien -. Asiente Roberto -. Y póngale un poco hielo. Y siguiendo el ritual de un buen profesional, el sommelier corta delicadamente el capuchón, destapa sin hacer ruido, limpia el pico de la botella con el lito, deja el corcho sobre la cápsula para que Roberto lo lea y sirve una medida generosa para que lo deguste. Roberto toma la tapita, la gira entre sus dedos y la huele entrecerrando los ojos, concentrado en buscar algún aroma extraño en ese trozo de metal. Lo deja sobre la mesa y tomando la copa por la pierna, la inclina levemente para apreciar su color frambuesa contra el blanco del mantel y luego comienza un leve movimiento circular mientras el líquido va golpeando contra la pared del cáliz. Acerca la copa a su nariz e inhala brevemente para captar toda la variedad de aromas que el caldo desprende. Es un momento de suprema concentración donde los recuerdos fluyen rápidamente por la memoria olfativa de Roberto, que trata de reconocerlos. Bebe un sorbo, lo deja reposar por un momento sobre la lengua y luego agita el líquido dentro de su boca para finalmente aspirar aire a través del túnel que forma con los labios y así poder apreciar el retrogusto. Después de unos segundos vuelve a abrir los ojos como regresando a la realidad y sentencia: - Buena textura, elegante y aterciopelado. Mantiene bien su equilibrio y aprecio notas de ciruela y piñas maduras con vainilla y almendras. - Es usted un verdadero experto señor Achaval -. Dice el mozo. - Pocas cosas pueden dar tanto placer como el disfrute de un buen vino. Sirva nomás Carlos. El mozo sirve, deja la botella en el mesón y se retira. -.¿Sabés cuantas botellas de estas podríamos tomarnos si nos abrimos de la agencia y nos rajamos con ese cliente?. - No se dice: nos rajamos. Se dice, convencemos, debemos convencer a Piu Bella que escoba nueva barre mejor, que tenemos ideas originales para posicionar sus productos, que nuestra creatividad no pasa por mostrar mujeres pintadas como un cartel de fileteador. Somos la nueva generación de creativos que viene atropellando a esa sarta de pelotud... ¿Cuánto dijiste que quiere morder Santoyani? - El 15 de la facturación y control en los libros. - Decile que por el 10 cerramos trato. El mozo arrima el plato con el pedido y ayudándose con ambas manos, Roberto se introduce la mitad del pancho en la boca mientras se asoma lentamente por la comisura del labio, un hilo de mostaza. En cambio, la única rodaja transparente de tomate que había dentro del sándwich de milanesa que Jorge se disponía a comer, se dispara y cae sobre el mesón del bar de Constitución.* - ¿Cuánto es? –. Pregunta Roberto al Maitre. - Un sanguche de milanesa, un pancho y dos cocas; 3 pesos -. Responde el mozo. Roberto dispuesto a brindar por el futuro negocio se baja de la banqueta y con la copa de coca cola en alto, proclama: - Colegas, agárrense fuerte porque viene degollando una nueva agencia de publicidad. ¡Sangre joven con ideas brillantes! –. Y trazando con la mano en el aire un imaginario titular, sentencia: - Achaval y Cúcaro Advertising. ¡Les vamos a romper el culo a todos!. |