Historia del gazpacho

Carlos Azcoytia
 Junio 2007

El origen de esta sopa fría es imposible de situarla dentro de la historia de la gastronomía desde una perspectiva cronológica y la razón es muy sencilla, nada que proviene de las clases sociales más desfavorecidas, los ignorados por la historia, tiene cabida dentro de esa memoria escrita de la humanidad, pese a que esa clase social, que en algunos momentos llegó a vivir casi esclavizada, es, fue y será la base en la que se han sustentado todas las otras historias, esas que llamamos oficiales, la vivida por salvadores de la patria, los oportunistas y los aprovechados que, desde que tenemos constancia como seres humanos, han sobrevivido gracias al trabajo de un pueblo que había que mantener inculto y ajeno a las decisiones globales y al que se le dio la espalda tantas veces, a ellos sólo se recurría en los momentos difíciles, para la leva, de carne de cañón o como en los tiempos modernos para ser papeleta de votación que se compra con palabras vacías de promesas que nunca se cumplirán.

   Está comprobado que su origen geográfico, nos referimos al gazpacho, está ubicado en la región sur de España llamada Andalucía, lugar olvidado de todas las administraciones y condenada, hasta hace poco, al mero papel de despensa agrícola, piscícola y ganadera, ya lo fue con los romanos que la llamaban el granero de Roma y que sólo alcanzó su esplendor con la invasión árabe para pasar, tras su expulsión, a su época mas oscura; sus tierras eran y son en su mayoría grandes latifundios consecuencia de la reconquista  y donde sus dueños vivían en la corte, lejos y ajenos a las necesidades de sus ciudadanos y jornaleros y donde la injusticia social fue de las más brutales de las conocidas en la 'oficial' historia de España.

   Andalucía, para aquel que no la conozca, yo vivo en ella, es consecuencia de una depresión natural de la península ibérica que la separa del resto del país por una larga y angosta cadena montañosa y que está dividida a su vez en dos en dirección norte-sur por un gran río, el Guadalquivir, cuyo valle es muy feraz gracias a sus limos ricos en minerales y a sus crecidas que renuevan toda la tierra. Su zona costera es riquísima, aunque en la actualidad los bancos pesqueros, sobre todo los japoneses, están casi esquilmados como consecuencia de una pésima política en la época reciente, ya los fenicios y romanos hicieron famosas su fábricas de salazones de la zona de Cádiz (ver mi artículo dedicado a los salazones). Muy montañosa, era rica en minerales tales como hierro, cobre, plata y oro, ya en la Biblia se habla que el rey Salomón cubrió el templo con cedros del Líbano y plata de Thartessos (zona comprendida en un triángulo teórico entre las provincias de Cádiz, Huelva y Sevilla) y su riqueza agrícola era famosa en todo el mundo conocido de la antigüedad, de hecho uno de los trabajos de Hércules fue el robar el ganado (toros) del legendario rey Gerión tartésico y el romano Avieno (siglo IV D.C..) nos cuenta de la riqueza de estas tierras en su obra Ora marítima en la que nos habla del poderoso rey Argantonio.

   El clima es variado, ya que la zona del nacimiento del gazpacho es tórrida en verano y con temperaturas suaves en invierno, lo que hace que la alimentación en la época de la recogida de la siembra fuera necesario ingerir alimentos muy ricos en agua y sales para evitar la deshidratación y cuyos componentes esenciales fueran productos de temporada, todos vegetales y de fácil preparación, no debemos olvidar que en esta región, y de forma paradójica, se pasaba hambre mientras era el mayor abastecedor de alimentos de todo el reino.

   No hay duda que en todas las épocas se ha experimentado en la cocina, uno de los más grandes laboratorios de la humanidad, y hemos encontrado una cita de Virgilio, en la égola segunda, en la que nos cuenta como Testilis preparaba como agasajo a los fatigados segadores la siguiente receta: Allia, serpyllumque, herbas contundit olentes, o lo que es lo mismo, majaba ajos, serpol y otras hierbas olorosas, algo lejanamente parecido a lo que llamamos gazpacho, pero sin duda el origen de esta receta.

En la dominación árabe, los grandes gastrónomos, existía un gazpacho, el que ahora se denomina blanco, que se sigue consumiendo en muchos lugares, que estaba hecho, y se sigue haciendo, con componentes ajenos a los traídos de América, es tan simple que su fórmula se circunscribe a cuatro dientes de ajo, almendras, migas de pan, vinagre, clara de huevo, habas secas, aceite, sal y agua, teniendo como guarnición manzana troceada.

Con el tiempo le fueron añadiendo otros componentes que se sumaban a la cocina española traídos desde las Indias, como fueron el tomate y el pimientos, pero esto fue ya, seguramente, en el siglo XVII ( ver mi estudio dedicado al tomate).

Sea su origen en la época árabe o castellana no nos parece tan importante, ya que el pueblo era el mismo, de origen mayoritariamente árabe, tanto es así que el cante flamenco es una forma castellanizada de las canciones que se cantan en el Magreb.

   El gazpacho en su historia es una muestra del mestizaje en la que siempre vivieron los pobladores de Andalucía, tan acostumbrados a todo tipo de invasiones, pero siempre conservando una base el pan duro que se moja en el agua y que se estruja con las manos para quitarle algo de agua, el aceite de oliva, ajo (ver mi historia sobre el ajo), pepino, vinagre y sal. Ya en época muy reciente y tras el 'boom' que experimentó este alimento, como consecuencia del descubrimiento de España como destino turístico (a principios del tercer cuarto del siglo XX), pasó de ser sustento de gente humilde a plato estrella de la cocina nacional, a la misma altura que la sopa castellana o la paella. Con el redescubrimiento del gazpacho los grades chefs han introducido variantes muy imaginativas, como puede ser el gazpacho de mariscos o el de jamón serrano, incluso de frutas.

   No hay dudas que hay tantas clases de gazpachos clásicos como provincias hay en Andalucía, incluso me atrevemos a decir que como localidades agrícolas existen, para muestra visite nuestra página dedicada a recetas de gazpachos la cual pensamos ampliar en breve. Sólo tener en cuenta que existen el 'zoque' malagueño, el 'aguaíllo' de Lora, el gazpacho 'cortijero' del campo cordobés, el gazpacho 'con papas' de Jaén, el 'ajo caliente' de Cádiz o la 'gazpachuela' malagueña, sin olvidar ese especie de gazpacho sin caldo que son las 'porras' de Antequera y el famoso 'salmorejo' de Córdoba.

   El gazpacho se hace en una especie de cuenco grande de barro cocido, para conservar la frescura,  se sirve en otros cuencos más pequeños del mismo material y originariamente se tomaba a sorbos o con el pan a modo de cuchara, ya que no se llevan cubiertos al campo.

Hay otro tipo de gazpacho, los galianos o de los pastores, que está hecho con componentes más recios y grasos (pienso hacer un artículo sobre ellos) de los cuales comenta Xavier Domingo: cada vez que he visto hacer un gazpacho manchego con su torta, he recordado inmediatamente escenas mexicanas bien parecidas y páginas magistrales de gran fray Bernardino de Sahagún sobre la cocina precolombina de los aztecas.

   Para terminar haré una cita del escritor romántico Juan Valera (1824-1905) que nos habla del gazpacho lo siguiente: 'Este plato es saludable en tiempos de calor y después de las faenas de la siega y tiene algo de clásico y de poético',  o la opinión que de él tenía Gregorio Marañón cuando opinaba que era un alimento completo, perfectamente adecuado a las duras condiciones climáticas con las que se enfrenta el labrador andaluz en los cálidos meses de verano.

 

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