Historia de los métodos artificiales para criar a los niños en España a finales del siglo XVIII

 

Carlos AzcoytiaLeyendo un libro editado en 1795, cuyo autor fue Josef Iberti, Médico de Cámara Honorario de la Casa Real, e impreso en Madrid por la Imprenta Real, creí necesario para cerrar el monográfico dedicado a la alimentación infantil, al pie de este escrito podrá ir a otros trabajos relacionados, comentar dicho libro y así tener una visión amplia de las gracias y desgracias por las que tuvieron que pasar nuestros antepasados desde su más tierna infancia, porque soy de la opinión que no todo tiempo pasado fue mejor.

Si resulta interesante este libro es por la forma como Iberti aborda y desarrolla la alimentación infantil, algo que me dejó bastante sorprendido y que podrá comprobar si sigue leyendo el presente trabajo.

En primer lugar aconseja que si una madre no puede dar el pecho a su hijo, por las circunstancias que fueren, debe de recurrir, antes de hacerlo a un ama de cría escogida sin mucho examen, a alimentos artificiales, ya que vio, en sus viajes por Europa, como en Inglaterra lo hacían así, sin especificar los componentes que se utilizaban, por el contrario en Italia contaba que lo hacían con leche de cabra y ovejas en sus dos primeros meses, para después pasar a darles una papilla muy desleída de pan bien fermentado y hervido en agua con manteca de vaca, aceite o caldo de carne por cinco o seis meses hasta que podían ir comiendo otras cosas.

lactancia4Distinguía tres estados en la infancia: el de robustez, el de enfermedad y el de debilidad de los órganos y así dice que los robustos admitían bien criarse con alimentos artificiales, aunque a veces a los enfermizos, con este tipo de alimentación, podían beneficiarse, por lo que llegaba a la conclusión lo difícil que era establecer un método general, sobre todo porque decía que salía mejor o más bien en los ricos que en los pobres, ya que en los primeros se atendía más bien el alimento que se les suministraba, al estar mejor cuidados, descubrimiento por el que hoy no le darían el premio Nobel desde luego. Pero sin embargo preconizaba que si dichos métodos se hicieran o llevaran a cabo en los hospicios y casas de expósitos los gastos originados podían originar economías ventajosas, sólo harían falta una provisión de leches: de mujer, de burra, yegua, vaca, oveja y cabra, con la finalidad de dar a cada infante la que más le conviniera, también indicaba que deberían haber prados alrededor de dichos edificios, que deberían estar fuera de los poblados, para que los niños gozaran del aire libre e hicieran ejercicios cuando tuviesen edad para ello.

Aquellos que deben de criarlos las mujeres decía que deberían lavarse, después de nacer, con agua templada en invierno y del tiempo en verano con un poco de jabón, también debían estar en habitaciones con temperatura ni fría ni caliente.

Aconsejaba que las madres deberían dar el pecho lo antes posible a los recién nacidos, no debían pasarlos de un ambiente caliente a otro frío para envolverlos, limpiarlos, etc., porque se resfriaban con facilidad y morían muchos (la mortandad infantil era altísima). No deberían dormir en la cama con la madre o las nodrizas, incluso aclaraba que en algunos países de Europa había leyes penales contra las mujeres que lo hicieran con las criaturas, en concreto en Suecia decía que se habían contabilizado una mortandad de 700 niños por dicha causa (debe de suponerse que sería más o menos, entonces las estadísticas eran a ojo de buen cubero).

Una anotación que hace, al menos curiosa para mi, era que las que criaban niños no era necesario que se abstuvieran de tener relaciones sexuales con los maridos, algo que entonces muchos creían y prohibían, pero, eso sí, que deberían, las madres o nodrizas, conservar siempre el ánimo tranquilo, porque las pasiones violentas perjudicaban la salud de las criaturas, ya fuera por ira, por miedo o por aflicción, de lo que se deduce, supongo, que deberían tomarse el sexo sin demasiada pasión.

El dar de mamar debía hacerse a menudo y poco de cada vez y si vomitaban era señal de que habían tomado más alimento del que les correspondía.

Advertía que no siempre el llanto del niño/a era indicio de sus necesidades, particularmente cuando ya tenían algunos meses, ya que lo utilizaban, y lo utilizan, para lograr lo que querían.

A los cinco o seis meses se les debía ir acostumbrando a otro género de alimentos, debiendo evitar las papillas hechas con aceite, manteca de vaca, pan o harina y leche, prefiriendo las sopas de pan, de sémola o almidón de patatas con caldo, importante información esta de la patata porque es de las primeras veces que se informa como alimento humano en España. También hace referencia a otro Dr., J. Bonells, y a su tratado ‘Prejuicios que acarrean el género humano y al Estado las madres que rehúsan criar a sus hijos, y medios para contener el abuso de ponerlos en Ama’, editado en Madrid en 1786, y donde recoge que toda papilla añadida a la leche natural era un manantial de indigestiones y crudezas, “por lo qual, no es de extrañar que sean inumerables las criaturas que por esta causa perecen, ó á lo menos pierden su calor y robustez”, para seguir diciendo que los alimentos como las masas, las frutas verdes y los dulces eran muy perjudiciales porque les incitaba a comer más de lo que “podían llevar en sus estómagos”.

Sobre el primer alimento, los calostros, dice que es un líquido jabonoso y purgante que sirve para la disolución de las primeras evacuaciones de los niños, por lo que nada más nacer se le debía dar el pecho a los nacidos, pero a los que se criaban con alimento artificial se les debía suministrar suero o agua de cebada con una cierta cantidad de ‘maná’ y una tercera parte de caldo ligero de ternera o pollo.

A los dos o tres días después haberles dado el alimento que imitaba o suplía al calostro se les debía alimentar con un caldo con una parte de leche de burra, alimentación que iría en sus proporciones, hasta el cuarto o quinto día, a llegar a ser mitad de caldo y mitad de leche, indicando que el caldo se debía hacer sólo con carne de vaca y si se quería con un poco de ave y si no bastaba, esto ya es más que sorprendente, “se pueden añadir cangrejos, víbora, ó galápago, evitando siempre el tocino”, desgrasando bien el caldo y debiendo pasarlo por un tamiz, siguiendo con dicha alimentación, dependiendo de las fuerzas del niño, y se le iría añadiendo al caldo almidón de patatas, que debía hervirse en el mismo, para mezclarlo tibio con la leche.

Continua diciendo: “Si su estomago fuese fuerte, se podrá usar de otras leches: en los primeros meses, el alimento debe ser fluido: cerca del quinto mes ó antes, es necesario aumentar la consistencia del alimento, mezclándoles arroz bien desecho: en las durezas de vientre déseles el alimento fluido, y en las descomposiciones mas sólido, haciendo al mismo tiempo mas exercicio, y dándoles baños frios: quando la leche se aceda, se suplirá con el arroz, ó almidón de patatas en buenos caldos de cangrejos, ranas, galápagos, ó víboras que ha de tomar el niño chupando de un cañoncito ó pitón que sale de la vasija, á cuya punta se asegura un poco de esponja (envuelta en un lienzo fino) por la que mama como de un pecho”.

Como curiosidad Iberti decía que ese pecho artificial debía tener el mismo color y tamaño que el natural, lleno de agua caliente para que al atravesar “por él el alimento adquiera algún calor que imite al de la mujer”, ya que por ese medio tragaban al mismo tiempo su saliva, lo que contribuiría a la digestión, para a los seis meses comenzar a darles cortezas de pan que chuparían y masticarían facilitando la dentición y, esto ya es el culmen, decía que “si la necesidad no lo exige, no se les dará vino”.

Las limpiezas debía consistir en lavarlos todos los días dos veces con una esponja y con agua templada en los tiempos de frío pero acostumbrándolos, poco a poco, al agua fría, para en primavera y verano bañarlos en un estanque, una fuente o en un río, sería para convertirlos en espartanos, comprendiendo ahora por qué los españoles de antes llegaron a ser tan héroes en otras épocas. Claro está, que aparte de que sólo sobrevivían los fuertes, se buscaba que también aprendieran a nadar, aconsejando que no era necesario que los niños estuvieran mucho tiempo en el agua, bastaban dos o tres inmersiones, para después del baño obligarlos a hacer ejercicios “a fin de aumentar la transpiración”.

Y ya para terminar de rematarlos y de hacer su particular selección de la raza: “En orden al vestido de los niños reprueba los zapatos, y quanto pueda apretar al cuerpo, y quiere que tengan poquísima ropa, y que estén al ayre libre sino fuese demasiado frio; que jueguen, corran y rueden en prados; que se acostumbren al ayre fresco, abriéndose las ventanas de sus quartos en verano y en invierno”.

Termina los consejos siguientes: “que en pasando la Infancia no se les escasee el sueño, porque la falta de este es el medio mas seguro para formar un fatuo; que no les asusten porque les pueden resultar convulsiones y alferecías; ni les traten con dureza porque pierden la sensibilidad é ingenuidad natural, y se hacen reservados, dobles, é hipócritas; que se acostumbren á usar indiferentemente de las dos manos para todo, y se destierre la necia costumbre de hacerles mancos sin dexarlos usar mas que de una mano; que es preciso aficionarlos quanto antes á la agricultura, con cuyos sencillos trabajos se divierten extraordinariamente; que se les enseñe á nadar (1), que se les haga observar los insectos, las piedras, las flores y sus propiedades, lo que les deleitará infinito y aficionará al campo; que no se pongan pronto á estudios que les tengan mucho tiempo sentados, sino que aprendan de la viva voz del maestro; y quando se dediquen al dibuxo ú otros estudios, no estarán nunca en una misma postura mas de una hora”.

Los conocimientos del galeno fueron adquiridos tras 15 años experimentando en la pediatría bajo la dirección del Primer Médico de Cámara de los reyes de España, Francisco Sobral.

Curiosamente, siguiendo con mi investigación, descubrí algo que me llamó la atención y es que utilizando métodos iguales, dependiendo del lugar, se obtenían resultados diferentes y así el Dean de Zaragoza, que llevaba la casa de expósitos de aquella ciudad, siguiendo la misma praxis que en Barcelona (ver dicho estudio aquí) se quejaba de que perecían muchos niños, lo mismo ocurría en Lérida, lo que le llevaba a la conclusión, quizá errónea, que se tendrían que estudiar los medios para adaptar a nuestro clima los alimentos artificiales que tomaban los niños en Inglaterra e Italia.

En dicho libro el galeno Iberti hace una referencia a la inconveniencia de darles de comer carne a los niños, algo contestado y rebatido en el Semanario de Agricultura y que merece la pena citar: “Algunos filósofos han declamado con mas entusiasmo que solidez contra el uso de las carnes: opinión que no es necesario impugnar.

Iberti atribuye en este lugar la corta vida de los etiopes del desierto á su comida de langostas; lo qual no es verosímil, siendo estas una comida sana, como añade después en boca de un viagero. La verdad es que las langostas que se comen en las inmediaciones del mar roxo, Syria, y costas vecinas del Océano de África y Asia son muy delicadas, y aun las embarcan para la India, en donde, sin que falten carnes, se comen con mucho gusto”.

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1.- En otra publicación de la misma fecha del libro, 1797, encontré esta interesante anotación al respecto: “Los Griegos, para expresar la extrema ignorancia de una persona, decían no sabe leer ni nadar. Entre nosotros casi nadie sabe nadar sino los muchachos, que abrasados de calor en el verano se van á bañar á escondidas de sus padres y maestros; y esta facilísima enseñanza, tan importante al hombre, está del todo abandonada por la ignorancia de los que dirigen nuestra educación: de aquí se siguen mil desgracias, y quando menos sustos y sobresaltos al pasar el menor arroyo. El arte de nadar que se enseña en muchas casas de educación fuera de España, es igualmente necesario á uno y otro sexo, y en Madrid hay una Señorita, acaso la única, que une esta habilidad á otras con que una madre muy instruida procuró perfeccionar su educación”.

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Otros trabajos que completan el monográfico sobre la historia de la alimentación infantil que obran en nuestro sitio, más uno que creo muy interesante de leer que no pertenece a nuestra revista.

Los primeros alimentos de reyes y nobles en el Siglo de Oro en España: Las nodrizas

Historia de la primera leche artificial para niños en España

Historia de la alimentación de los niños en la España a finales del siglo XVIII

http://www.uv.es/iued/somos/bolufer-art/Historia-Social.pdf

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