Historia de la almorta o el veneno que llegó con el hambre tras la Guerra Civil española

Este estudio es una actualización de otro anterior al año 2004

Una serie de hechos ocurridos tras la guerra civil española, en concreto entre los años 1941 y 1944, siempre crearon en mi un interés especial porque se mezclan en estos casos la intriga de una novela policíaca y un estudio pormenorizado de la toxicidad de un alimento que si se toma en exceso y como principal nutriente puede causar la parálisis y la muerte.

Todo comienzó cuando los doctores Ley y Oliveras de la Riva hacen una publicación en la revista ‘Clínica Española’ en el año 1941 en el que dan la noticia de una enfermedad misteriosa que había desarrollado un enfermo que estaban tratando y que presentó, en un principio, un cuadro clínico que se caracterizaba por un repetido calambre en las pantorrillas, a los siete días repentinamente, al andar, observó que no podía hacerlo sin arrastrar la punta de los pies pese a que el paciente, aparentemente sano, no contaba más de 27 años. Al mes no podía contener la orina, la dificultad para andar era tan evidente que arrastraba la planta de los pies y  un creciente temblor en las manos le hacía imposible sostener los cubiertos y afeitarse.

Diagnosticado por el médico de cabecera como enfermo de esclerosis múltiple fue enviado a Instituto Neurológico, momento en el que fue tratado por los citados doctores. Al hacerle el historial clínico supieron de boca del enfermo que en su pueblo, Esparreguera (Barcelona), había casos similares. En ese momento comenzó una apasionante aventura detectivesca para averiguar cual era el agente causante de la enfermedad. Personados en Esparraguera se encontraron 30 enfermos y en los pueblos cercanos de Olesa, Igualada y Tarrasa, 10, 12 y 25 casos respectivamente y para su sorpresa constataron que se daba exclusivamente en la población masculina y en concreto en los individuos jóvenes. La población afectada estaba compuesta por personas humildes, principalmente entre los trabajadores fabriles, no encontrando casos entre los campesinos, ni entre las clases acomodadas.

Muchas fueron las hipótesis que se tuvieron que descartar hasta llegar a la ‘casi’ convicción de que el agente causante de la toxicidad podría estar relacionado con la alimentación, en concreto con una carencia vitamínica o con un menú en que abundara de forma monótona algún componente, entonces se interroga a los enfermos sobre su alimentación encontrando lo siguiente:

Enfermo 1 Enfermo 2 Enfermo 3 Enfermo 4
Desayuno
Un plato de almortas
Un vaso de vino
Un huevo
Desayuno
Almortas, guisantes o habas
Desayuno
Almortas con pan
Desayuno
Harina de maíz
Un poco de pan
Chocolate (a veces)
Almuerzo
Almortas con patatas
Puré de maíz
Un poco de pan
Un vaso de vino
Almuerzo
Almortas con patatas
Un arenque
Un poco de pan
Almuerzo
Almortas
Tomates
Cebollas
Lechuga
Almuerzo
Almortas con pan
Fruta
Cena
Puré de maíz
Un plato de verduras
Un poco de pan
Un vaso de leche
Cena
Almortas
Un poco de pan
Un vaso de leche
Cena
Almortas
Un arenque (a veces)
Un vaso de leche
Cena
Coles
Sardinas

Como podemos apreciar una alimentación carente de proteínas, consecuencia de la pobreza que se tuvo que pasar en el país, agravada por la Segunda Guerra Mundial que hacía imposible la importación de alimentos, aparte que el régimen del dictador Francisco Franco estaba aislado del exterior por su doctrina fascista y absolutista dentro del contexto democrático de los países de su entorno.

La monotonía de esta alimentación, que se perpetuaba durante meses, llevó a los doctores Ley y Oliveras a la conclusión que estos pacientes padecían una intoxicación alimenticia producida por un elemento básico en la comida de todos ellos, las almortas.

Pronto la enfermedad, que se llamó ‘latirismo mediterráneo‘ se extendió a Vizcaya, Valladolid, Zaragoza, Ciudad Real, Toledo, Santander y Barcelona, miles de hambrientos intentaban sobrevivir comiendo aquello que encontraban, la pobreza alimentaria era atroz y donde un estudio de los doctores Jiménez Díaz, Botello, Cámara, López-Ibor, Grande Cobian y Vivenco, tras otro brote ocurrido en Consuegra (Toledo) en 1941, ponían ante los ojos del estado fascista la vergüenza de un pueblo que moría de hambre tras su Revolución Nacional Sindicalista de triste recuerdo para muchas familias.

La conciencia de los ‘padres de la patria‘ parece que se conmovió, no mucho por cierto, al difundir en la prensa y la radio lo dañino de los efectos de la almorta tomada de forma continua, eso sí, sin prohibirla porque no ofrecían alternativa alimenticia, hasta que por fin el 15 de enero de 1944 y viendo el carácter de pandemia que estaba tomando se decretó la prohibición y la subsiguiente recogida de las almortas y sus harinas. Los datos eran escalofriantes, sólo en Vizcaya se habían consumido en el segundo semestre de 1943 más de cien vagones y las estadísticas eran alarmantes, sobre 68 pacientes, 20 no podían andar más que con ayuda de bastones, 3 con muletas y 2 habían quedado totalmente paralíticos. Todos ellos habían llevado una obligatoria dieta vegetariana con una carencia absoluta de carnes, huevos y leche, ingiriendo casi un kilo diario de almortas.

Es hora de comentar que tipo de alimento son las almortas, así como su historia, para hacer comprensible y familiarizar al que pueda leerme con dicha leguminosa.

El nombre científico de esta leguminosa (en la anterior edición hubo un error y puse gramínea) es Lathyrus sativusy su nombre común, dependiendo del sitio, son los de Almorta; Alverjón; Arvejo cantudo; Arvejote; Bichas; Cicércula; Diente de muerto; Guija; Muela; Pedruelo; Pinsol; Pito; Tito en España, Guixa; Guixeras; Guixes y Pedrarols en Cataluña; chickling vetch, chickling pea, grass pea, chícharo en Chile, garbanzo de yerba o fríjol de yerba y para finalizar Kisari en la India.

Esta leguminosa con forma de garbanzo aplastado se desarrolla en la cuenca mediterránea, Asia y América y está considerada como un alimento de supervivencia ya que es muy resistente a todo, sequías e inundaciones. Tomada como alimento principal y constante en la dieta, superando el 30%, produce en semanas, o a lo sumo en dos o tres meses, una enfermedad llamada latirismo que se caracteriza por una afección de la médula espinal o de los huesos provocando la parálisis de los miembros inferiores, impotencia y afectando el crecimiento en los niños. En España se solía tomar, aún se come pese a la prohibición, en formas de gachas hechas con la harina que se obtiene de la almorta.

Se tiene constancia del uso de la almorta hace cuatro mil años en la India y se sabe de sus efectos nocivos por primera vez en el siglo IV a.C. cuando el galeno hindú  Susruta ya preconizaba que «Cuando hay un temblor al caminar, se cojea y cuando la organización de las articulaciones se afloja, se le conoce como Kalayakhanja«. También se tiene constancia del mal en occidente por medio de Hipócrates (460-355 a.C.) cuando preconizaba que la ingestión de ciertas semillas de leguminosas pueden causar parálisis al consumirlas. En el año 595 otro galeno, Ain-i-Akbari, en su obra Abul Fazal dice lo siguiente: ‘Kisari es el nombre de un garbanzo o lenteja, que comen los pobres, pero no es sana.

Nota aclaratoria y corrección: Con fecha 27 de marzo de 2016 recibí un e-mail de D. Juan del Amo, director del blog http://juandelamori.blogspot.com.es/ en el que me hacía la siguiente corrección: «Abul Fazl es el autor. No era galeno, sino visir y cronista de Akbar, tercer emperador mogol de la India.
El Ain-i-Akbari, la obra, fue escrito 1000 años más tarde, entre 1590 y 1596. Es una especie de enciclopedia que cubre todos los aspectos de la vida en la India de Akbar, entre ellos mercado, alimentación y cocina«, al César lo que es del César y muy agradecido por haberse molestado en escribirme.

En la historia de la humanidad tuvieron que ser muchas las épocas donde el ser humano, tras una guerra o desastres naturales, padecieron esta enfermedad ante la disyuntiva de morir de hambre o arriesgarse a padecerla, teniéndose constancia en España en un grabado de Goya perteneciente a ‘Los Desastres de la Guerra‘ que titula ‘Gracias a la almorta‘ y que representa el hambre que se pasó en Madrid desde septiembre de 1811.

Los primeros estudios serios que se hicieron de esta enfermedad se les debe a los médicos ingleses que trabajaron en la India colonial, lugar donde era endémica la enfermedad como consecuencia de la costumbre de hacer los pagos en especias, en concreto con esta leguminosa. En concreto el médico Francis Buchanan tras su viaje a Bihar y Patna en 1812 describe la enfermedad con estas palabras: ‘Parece ser una debilidad y un movimiento irregular de los músculos vinculados a la rodilla, que se doblan y se mueven con temblores, como en la corea (lo que conocemos como mal de San Vito), pero no tan fuertes. Cuando la enfermedad dura cierto tiempo, las piernas presentan emaciación (adelgazamiento exagerado por causa patológica). No presenta fiebre, pero si fuertes dolores, aunque no siempre‘. Tan importante era esta enfermedad en la India que se estimaba que la padecía un 4% de la población en el año 1861, construyéndose el primer lugar para tratar la enfermedad al norte de la India, en Allahabad, que se llamó Asilo de Tullidos de Mejah.

Entre 1859 y 1868 el doctor James Irving estudió a fondo la enfermedad en la India y es curioso destacar estas interrogantes que presentaba: ‘Es sorprendente que miles de personas, que sabiendo que cierto grano les puede dejar con lesiones en las piernas, lo sigan comiendo. ¿Es esto debido a que están obligados a comer ese veneno o morirse de hambre? ¿Acaso no hay otro grano que se pueda cultivar exitosamente en las zonas afectadas por latirismo? ¿Si hay problemas, verdad que se pueden solucionar con drenajes y otras formas de mejoramiento del suelo que permitan cultivar otros alimentos menos dañinos? ¿Acaso no hay otras formas para evitar que la gente abandone el consumo de alimento envenenado?‘. Pese a estas interrogantes no fue hasta el año 1990, más de un siglo después, cuando los científicos desarrollaron variedades de lathyrus sativus sin peligros de la neurotoxina.

Pese a todo lo descrito he encontrado en Internet páginas de supuestos ‘chefs‘ que insensatamente o por falta de conocimientos dicen que comer almortas no producen enfermedades graves a no ser que se haga durante muchos años, toda una irresponsabilidad criminal.

Tras varios años de hacer la anterior publicación me topé con una carta escrita en 1798 dirigida al director del Semanario de Agricultura y Artes de una señora de Lucillos (provincia de Toledo) de nombre María Morales que llevaba por título ‘Sobre el uso de las gachas’ que por su contenido no tiene desperdicio ya que es un documento importante para saber la historia de las gachas y de la almorta y el desconocimiento que se tenía de ellas y que transcribo literalmente:

«SEÑORES EDITORES: desde qué oí que el Semanario encargaba el uso de la polenta y aun antes estoy pensando que seria de mucha utilidad para los pobres el guisado o condimento que llamamos gachas de almortas. Estas sé que las usan en la Mancha y cercanías de esa Corte mas por otras muchas partes no saben lo que son y es lástima, porque es un alimento gustoso sano, que mantiene mucho, y se puede hacer a poca costa.

Almortas son una especie de habas pequeñas que en la Mancha llaman guijas y en otras partes muelas. Siémbrense por Febrero en las tierras qué están de barbechera al modo que los garbanzos, y las hay de buena y mala cochura. Suplen la falta de garbanzos en el puchero y potajes y sirven para cebo de bueyes, cerdos, etc., echándolas en remojo; mas para lo que son utilísimas es para hacerlas harina y hacer gachas.

Me parece que oigo decir a muchos. Yo no como las gachas o puches de harina de trigo, con qué miren como comeré ese alimento tan grosero? Digo que es trabajo el introducir un alimento de nuevo: aunque sea mejor, al punto damos sentencia de que eso no puede estar bueno, sin mas razón que porque yo no lo he comido: ¡ó y cuántas hambres se padecerían menos si nos desimpresionáramos de éstas ideas tan erradas.

Bien sabido es qué cada cosa qué comemos pide su particular y propio modo de guisar, y si éste le falta no vale nada aunque sean cosas muy ricas, y así han de tener Vms. la paciencia de oír como se hacen. Las almortas bien limpias se llevan al molino, y si es en tiempo seco se les echa un rocío de agua cómo al trigo, o mas; se muelen y sale una harina mas suave que la de trigo: ésta se cierne, y con ella se hacen las gachas. Supongamos, pues, que se van a hacer con media libra que es ocho onzas de harina. Tómese una sartén (salen mejor que en puchero) échese aceité como para hacer migas, desahúmese corte unos pedacillos de pan, y unos pedacitos de pimientos picantes, que es la salsa y pimienta del pobre (el que no guste picante no lo eche) ahora muélase un poco de alcarabea (nó comino) y cilantro y después tres o cuatro ajos, y un poco pimiento molido que le dé color, y todo esto molido se echa en la sartén y se revuelve con el aceite: ahora se tomarán para las ocho onzas de harina cuatro cuartillos de agua que se echa en la sartén, y todo el caldo se sazona de sal, y cuando está nada mas que tibio o frío se le va echando la harina poco a poco, y espolvoreada, y se va al mismo tiempo revolviendo con la cuchara: en acabándose la harina se pone la sartén a la lumbre, y a fuego no muy vivo, se van cociendo, y entretanto se van meneando con la cuchara para que no se peguen, al principio parece un caldo espeso, mas luego se espesan y quedan en una consistencia regular, y así caliente (frías no están buenas) se comen con pan, y está todo hecho. Si en lugar de aceite se echa manteca de puerco, o se fríen unos torreznos en lugar de los cuscurros de pan, están mejores.

Así hecho este guisado es de tanto alimento, que hombres del campo que lo comen por la mañana aseguran que se sienten mas alimentados que con puchero o con migas. Con media fanega de almortas que se hagan harina, que en un año regular vale 15 rs. tiene un pobre para dar por espacio de cuatro meses una comida diaria a su familia, aunque tenga tres o cuatro hijos. ¡Qué lástima que no nos valgamos de este arbitrio en unos tiempos como los presentes! ¡o pereza española los males que acarreas!

También se hacen dichas gachas con harina de pitos o titos que son unos guisantes pequeños que se siembran como las almortas o a monta, o a liños en tierras de secano, y que se han de sembrar el año siguiente de trigo. En tierra de Madrid los labradores hacen dicha harina, y en el invierno la venden a cinco o seis cuartos la libra, y a veces mas barata, y es un socorro bellísimo para los pobres. Algunos pobres arrieros cuando van de camino llevan su saquito de harina cernida, y su especia de pobre molida, y con facilidad tienen que comer aunque lleguen a un pueblo desprevenido, como sucede frecuentemente.

Me parece se podrían hacer también dichas gachas con harina de guisantes y habas, mas esto no lo tengo experimentado como las dos dichas harinas de almortas y titos: la harina de éstos quiere menos agua que la de almortas«.

 A modo de corolario del presente trabajo he de indicar que éste fue el primero que se publicó en Internet y que ha sido objeto de copia, cita y plagio tanto en libros editados como en medios escritos o hablados y sin dudarlo en otras webs y que ha sido la base de estudio en varias universidades de todo el mundo, formando parte de mis investigaciones sobre el hambre en España, una magna obra de la que muchos beben y se nutren y que podrá leer en el monográfico correspondiente que está en nuestra sección dedicada a los grandes monográficos de historiacocina.com 

 

 

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