HISTORIA DE LA COCINA Y LA GASTRONOMÍA

O.N.G. Grupo Gastronautas

Asociación sin ánimo de lucro

AVISO: PROHIBIDA LA REPRODUCCIÓN TOTAL O PARCIAL DEL CONTENIDO DE ESTA WEB SIN EL PERMISO EXPRESO DE SU AUTOR O AUTORES

Nuestra patria es la cultura,
nuestra bandera el idioma


Fotos del autor de este trabajo

 

Historia de la molinería y la panadería en el siglo XIX


Trabajo de Carlos Azcoytia

 Mayo de 2011

Si tuviéramos que determinar cual fue la época dorada del desarrollo de la panadería en la historia de la humanidad no dudaría en decir, sin temor a equivocarme, que fue a comienzos de la Era Industrial y se fue perfeccionando a lo largo de todo el siglo XIX, hasta alcanzar tal grado de perfección que se puede aseverar que pocos cambios se han efectuado hasta la fecha desde entonces.

Para hacernos una idea del desarrollo de la panadería iremos recorriendo todo el siglo para poder saber los progresos que se fueron logrando y así conocer más a fondo como, por extensión, una sociedad que utilizaba las primeras máquinas llevó al mundo al grado de tecnificación y de producción inimaginados hasta entonces y como se pasó, por poner un ejemplo, a producir alimentos, en este caso concreto pan, en una producción verdaderamente espectacular, lo qué hizo que ayudara a la explosión demográfica de los países desarrollados, ya que mientras en la antigua Grecia una mujer producía con su trabajo la harina necesaria para el alimento de unas veinticinco personas en éste siglo XIX los aparatos y máquinas inventados hicieron que un hombre obtuviera la harina para cuatro mil, con la ventaja de que dichas máquinas limpiaban y eliminaban el salvado y cernían el grano molido de tal forma que se conseguía un pan blanquísimo que antes no se podía conseguir.

La primera información sobre el desarrollo de la molinería en Francia la podemos encontrar en el 'Dictionaire de comerce' de 1805 donde dice: "El arte del molinero es más difícil y complicado de lo que parece a primera vista; en las provincias está menos perfeccionado, sobre todo en la Bourgogne y en el Lyonnais, en donde los molineros son menos instruidos que en otras partes, lo que parece probarlo la mala calidad del pan de esas provincias. En Bourgogne el bourgeois come pan moreno y pesado; y en cuanto a la gente del campo, su pan es mucho más negro y no tan bueno como el más común que se hace en París".

Evidentemente, en Francia, a principios del siglo XIX coexistían los molinos movidos por el hombre con los automáticos, prueba de ello es, siguiendo con la referencia anterior, cuando dice: "Los molinos movidos por hombres no se emplean sólo en Levante, están aún en uso entre nosotros, los hallamos en el campo. Sería necesario que se procurase que en nuestras ciudades existiesen siempre molinos que pusiesen moverse a fuerza de brazos o por animales, a fin de prevenir el hambre que ocasionan las sequías, las inundaciones, las heladas extraordinarias, los sitios de guerra, etc.".

En España, que había pasado por la Guerra de la Independencia contra los franceses la cosa estaba peor, al menos en el primer tercio del siglo al que estamos dedicando el estudio; no ocurría lo mismo en Inglaterra que había adoptado un nuevo sistema, el llamado 'moltura a la americana' y que pasó a Francia en 1807 con el nombre de 'moltura a la inglesa' y que consistía en moler el trigo directamente, pasando el grano por un juego de piedras, las cuales estaban muy próximas a fin de dar la menor cantidad de sémola posible así no se echaba a perder la harina, aunque lo que caracterizaba a este método eran las mejoras en los aparatos de limpieza y cernido del grano.

Esta llamada 'moltura americana' la introdujo en Francia un tal Touaillon y del que sabemos por su hijo, Ch. Touillon (ver bibliografía) que: "Mi padre, hijo de un rico molinero de Provens, que hacía sus estudios en uno de los principales establecimientos de París, gozaba durante sus vacaciones, en seguir el trabajo de los numerosos molinos de la Vallée, explotados en gran parte por su padre. Su precoz inteligencia le hizo comprender al momento lo que había de defectuoso en el trabajo de la molienda de aquella época, y creyó poder hallar los medios para mejorarlo cuando entrase a ponerse al frente de su casa paterna, lo que tuvo lugar en 1807, consagrándose enteramente a la molinería.

Mucho tiempo antes de que se hablase del sistema inglés, mi padre había reemplazado las muelas de 6 pies por muelas de 1,30 metros rayonadas; había reunido sobre cada una de las ruedas dos pares de muelas de este diámetro por medio de una corona dentada de madera que movían dos piñones de hierro que eran los de las dos muelas. Igualmente había introducido a la limpia y cernidos, modificaciones sensibles; ayudado de estas mejoras llegó a crear una marca especial".

Durante 25 años las relaciones diplomáticas y de todo tipo estuvieron interrumpidas entre Inglaterra y Francia como consecuencia de la Revolución Francesa, no siendo hasta la caída de Napoleón y tras el Congreso de Viene en 1815, cuando se normalizaron, es en ese momento cuando los sajones ofrecen máquinas de todo tipo a una Francia vencida por ser un magnífico mercado para sus negocios.

La historia de la moderna molinería en el país galo es digna de contar porque, pese a lo trágico de su implantación, más parece sacada de una película cómica y que comienza cuando dos ingenieros ingleses,  Atkin y Steel, se afincaron en Lyon con la intención de fabricar barcos de vapor. Steel era cojo por un desgraciado accidente que había padecido, o quizá lo era por ser un hombre tozudo y algo bestia para sus cosas, ya que el día de la botadura del primer barco que salía de sus astilleros hicieron una prueba de velocidad y rendimiento de la maquinaria, algo que no le complacía, ya que las calderas no daban más de sí, de modo que el buen hombre no se le ocurrió otra cosa que la de poner su pie sobre la palanca de la válvula para que tuviera más presión y así alcanzar la velocidad de crucero prometida, pero como todos sabemos las calderas las carga el diablo, así que el barco explotó ocasionando cerca de 400 victimas, todo un desastre difícil de olvidar.

El socio que sobrevivió, Atkin, quedó en la más absoluta ruina y como de naviero ya no era de fiar buscó fortuna en otros negocios y estos no fueron otros que el dedicarse a la construcción de los ya mencionados 'molinos americanos' y que sus compatriotas habían importado a Inglaterra hacía ya algunos años. A tal efecto abrió un taller en un pueblecito llamado Dampierre, cerca de la ciudad de Dreux, no muy lejos y al oeste de París, esperando que instalándose en el valle de la Beauce lograría pronto sus deseos, algo que no llegó a ocurrir porque los molineros de la zona no estaban para experimentos, así que, como dice el dicho popular, se fue con la música a otra parte y ahora enlazamos, de nuevo, con el Sr. Touaillon, cosas del destino, así que volvemos al libro de su hijo que cuenta como se conocieron: "Se le habló de mi padre como persona que llenaba estas condiciones (se refiere a personas dispuestas a apostar por el progreso, con instrucción e inteligente en los negocios). Pasó a Provins, y se quedó muy asombrado de ver que los molinos de allí ya tenían parte de los órganos que él presentaba como desconocidos en Francia.

Atkin había encontrado a su hombre, y sabía el partido que podía sacar de la influencia y de la representación de mi padre, y de aquí el que hiciese esfuerzos para decidirle a que le confiara la transformación de sus molinos. Mi padre quería ver ante todo, juzgar la bondad del sistema americano por sus hechos, para lo cual aconsejó a Atkin el establecer un molino de prueba. Este ingeniero regresó a Dampierre, alquiló uno de los molinos del pueblo, le quitó el mecanismo antiguo y le sustituyó por el llamado a la inglesa. Mi padre fue a visitar el nuevo establecimiento, y a pesar de no estar tan completo como hubiera podido desearse, los elementos principales de la nueva moltura; la superioridad de los medios mecánicos eran suficientemente apreciables".

El primer paso ya estaba dado, así que Atkin esperó con relativa impaciencia la mejor de las propagandas, la llamada divulgación de su trabajo por el boca a boca, algo que no tardó en producirse, ya que Touaillon se lo comentó a dos amigos suyos, molineros de Saint-Denis, cuyos apellidos eran Benor y Dézobry, los cuales no dudaron en trasladarse a Inglaterra para cerciorarse del nuevo método a la americana.

Totalmente convencidos del rendimiento y la bondad del sistema se toparon, a su vuelta, con las dificultades económicas que se les plantearían al tener que interrumpir la producción de harina y la posibilidad de la pérdida de clientela como consecuencia del paro forzoso hasta implantar el nuevo método, pero de nuevo Touaillon encontró una solución, como cuenta su hijo, al aconsejar "construir molinos de vapor, y no transformar o arreglar, según el sistema inglés, sus molinos de agua, hasta cuando funcionasen los molinos de vapor", algo que hicieron y entre 1817 y 1822 casi toda las fábricas de los alrededores de París adoptaron el revolucionario método; pero, todo tiene un pero, aquellas infernales máquinas exigían mucho gasto de instalación y de mantenimiento, ya que gastaban 10 kilos de carbón por caballo de potencia y hora, a lo que habría que sumar las ingentes cantidades de agua que consumían y para colmo los clientes, panaderos, se quejaban de que la harina elaborada por dicho método salía floja y picada, consecuencia más de la inexperiencia de los molineros que de las máquinas.

Hay que aclarar que desde siempre la panadería francesa había concedido gran importancia a la calidad y blancura de la harina, por lo que los panaderos siguieron dando preferencia a las harinas procedentes de la moltura a la antigua usanza, lo que obligó a los harineros a perfeccionar el método inglés o americano, que todo el mundo quiere apropiarse de las mejores ideas ajenas.

En el segundo tercio del siglo XIX, según Joseph de Mauny de Mornay (1804-1868), la molinería se encontraba en Europa de la siguiente forma: "Los alemanes, y sobre todo los sajones, al principio no habían avanzado en la buena fabricación de las harinas, pero después han quedado al parecer rezagados. A los ingleses le ha pasado al contrario, habiendo llegado los americanos en nuestros días a gran perfección en la molienda del trigo. Numerosas máquinas se han inventado para acelerar y simplificar los trabajos, y para disminuir el número de los obreros empleados en el molino. El repicado regular en las muelas, que han introducido en los molinos, ha permitido disminuir el diámetro de las piedras y aumentar su velocidad. De todo esto resulta que la corriente de agua que antes sólo podía moler al día 25 hectolitros de trigo candeal, en la actualidad mueve suficiente número de muelas para convertir en harina 100 hectolitros de trigo durante el mismo número de horas. Las ventajas que resultan de los nuevos métodos serán aprovechadas por todos aquellos que se dedican a la molienda, y aún cuando estos tuviesen la certidumbre de que estos nuevos molinos dan productos no tan superiores en calidad, siempre se deberá reconocer la disminución de la fuerza motriz necesaria, la simplificación del trabajo y la igualdad en los productos, que son grandes ventajas que harán que sustituyan en todas partes los molinos antiguos por los que debemos a los americanos".

Por lo que se deduce del libro que estamos comentando, ya en 1838 se conocían las máquinas de conservación de granos Valery, el granero conocido como Sir John Sinclair y el procedimiento del General Marçay, así mismo en París, para ese año ya se conocía igualmente los aparatos para limpiar el trigo, las aventaderas, las cribas circulares, etc., teniendo para ese año las muelas de entre 1,218 a 1,3 metros y se rayonaban como en la figura que se acompaña.

Se conocían en Francia, por esas fechas, los engranadores y los elevadores para el trigo. La harina se elevaba por medio de elevadores y conductores, llevándola de las piedras al aparato refrescador que estaba lejos a fin de que se enfriase la harina durante el trayecto; esta aparato resfrescador consistía en una caja o depósito que tenía un agitador de paletas. Además se empleaban cernedores de manga y los americanos cernidos con cepillos y para las sémolas se empleaban sasores.

El último tercio del siglo XIX  se puede decir que es el momento histórico de la molinería, porque fue cuando se sentaron las bases de lo que hoy disfrutamos, aunque no acertaron en la idea política del desarrollo de esta nueva molinería como veremos más adelante.

Principalmente se caracteriza está época por aplicarse en la molienda los llamados rodillos Austro-Húngaros, del que hablaré, por su importancias, más adelante, fabricándose igualmente otros micro molinos destinados a grandes fincas que se encontraban lejos de los molinos o para las tropas de campaña, llegando a desarrollarse muchos tipos y modelos que se fueron desechando por no cumplir las expectativas deseadas y en las que intervinieron casas tan importantes como Renoult, Peugeot y Hutchinson, entre otras.

 Centrándonos el los rodillos Austro-Húngaros, el gran descubrimiento, las piedras que durante tantos siglos habían sido indispensables para moler el grano desaparecieron ya que este método las reemplazaba por cilindros de fundición endurecida, lisos o estriados, según fuera la clase de trabajo que se necesitase en las diferentes fases de la molienda, siendo curioso que su descubrimiento no fue en esta fase histórica, sino que databa de 1839 cuando el conde Stefan Széchenyi inicia su fabricación en Budapest, fundando la 'Sociedad de molinos de rodillos de Budapest'. Esta fábrica estaba dotada de una fundición inventada por el ingeniero suizo Subzberg, que en el año 1834 reformó los primeros cilindros ideados por su compatriota Helfenberg en 1821.

No fue hasta el año 1873, fecha importante para la molinería, cuando realmente se implantaron los molinos de rodillo gracias a la invención de Andreas Mechwart, director de la casa constructora Ganz, que introdujo los cilindros de fundición y el procedimiento de molienda mejorados y que fueron inmediatamente adoptados por los molineros de Budapest para un poco más tarde ser utilizados en el gran centro molinero de Minneapolis en Estados Unidos.

Toas las naciones adoptaron los rodillos mencionas al ver que los austro-húngaros dominaban el mercado, no llegando a España hasta el año 1881, siendo los primeros que se instalaron en Zaragoza, en la casa Villarroya y Castellano, y en Palma de Mallorca en la Balear, siendo rápidamente adoptados en todo el país. Se debe su introducción en el país al ingeniero industrial Gabriel Solá y Escayola, que tuvo que luchar para cambiar la mentalidad de muchos harineros.

El nuevo procedimiento funcionaba de la siguiente forma, según contaba en 1891 el ingeniero industrial Guillermo J. de Guillén García: "Este nuevo procedimiento es una moltura alta (también se aplica a la media alta y a la baja) verificada por medio de cilindros. El grano es sus diversas fases, como en el antiguo sistema perfeccionado, pasa por diferentes aparatos, que en el Austro-Húngaro son cilindros estriados de hierro endurecido para triturar el trigo, dirigiéndose la molienda resultante a los cernedores para separar el salvado, la harina y las sémolas. Estas sémolas y las que luego se forman de esta, pasan por cilindros lisos de hierro endurecido, dirigiéndose estos productos por cernedores que separan la harina y la sémola. En este sistema los aparatos de limpia son muy perfeccionados, lo mismo que los cernedores y los sasores".

El trigo tras esas operaciones sufría una trituración y aplastamiento ligero, y posteriormente las sémolas un aplastamiento y fricción suave, por lo que el salvado se separaba bien, el gluten no sufría, y las sémolas daban una gran variedad de harinas, presentando gran blancura  la harina de primera, lo que hacía que se vendiera a mucho mejor precio que las trituradas por molinos de piedra.

Entrando ya en la producción sabemos que en España las principales fábricas de harina a finales del siglo XIX, que funcionaban con el nuevo método, eran la de José Gili que elaboraba 65.000 kilos al día; la de Villarroya y Castellano que producía 72.000 kilos, la de Francisco Ayala en Mérida que producía entre 65 y 70.000 y que también elaboraba sémolas para sopas.

La producción de trigo en el mundo, según el 'Bolletin de Halles' de 1889, fue de 762.250.000 hectolitros, siendo en Europa de 443.500.000 hectolitros, importando 89.700.000 y exportando 35.000.000.

Hay que destacar un tipo de horno que se fabricaba en Barcelona y que comercializaba Gabriel Solá y Escayola, del que he hablado anteriormente, que consistía en una artesa de hierro estañado en donde se preparaba la levadura; una amasadora; un divisor de pasta destinado a obtener panecillos (ver los dibujos que se adjuntan); una mesa; un tablado para colocar las planchas con la pasta ya formada y un horno sencillo o doble, calentado por medio de 60 tubos de hierro que se llenaban de agua, la cual llegaba a una temperatura de 200 a 230 grados que se calentaba por medio de un hogar que funcionaba con carbón mineral. Con dicho horno se obtenían las siguientes ventajas: Fácil calefacción; economía en el combustible; facilidad para la inspección de la buna marcha del horno; ser continuo el trabajo; poderse obtener entre y hasta 1.300 kilos o 2.500 kilos de pan en jornadas mínimas de 12 horas de trabajo; la cocción era segura, uniforme y completa; se adaptaba a toda clase de panes, galletas y pastelería; fácil de limpiar y de manejo cómodo y para terminar de una economía grande, ya que su constructor aseguraba, que en igualdad de producción con otras marcas de hornos, se gastaba tan sólo entre un tercio y un cuarto de carbón mineral.

Ya para terminar es interesante anotar como veían el futuro de la panadería tras todos estos adelantos y que es posible que hoy, tras un poco más de un siglo, nos haga pensar sobre el momento social y económico de aquel final del siglo XIX y que se centraba en la preocupación de que la harinería se monopolizara por grandes empresas, augurando, según Guillén-García, que el avance del socialismo haría para el siglo XX se volvería a las pequeñas industrias, pero muy perfeccionadas, evitando de esta forma la creación de grandes capitales y el monopolio de la harina, donde los dueños o juntas directivas harían retroceder, como nuevos señores feudales, a toda una sociedad.   

        

Bibliografía:

Dictionnaire Universel de Commerce: París 1805, página 182

Guillén-García, Guillermo J. de: Historia de la molinería y la panadería; Barcelona 1891, Imprenta Pedro Ortega.

La Industria Harinera Moderna, años 1881 y 1884, números 4 y 6, páginas 2 y 3 respectivamente..

Mauny de Mornay, Joseph de: Livre du maunier, du négociant en grains et du constructeur de moulins; Edit. A. L. Pagnerre, 1838.

Nature, la (Revista): 1874, página 223

Touaillon, Ch.: 'La Meunerie : la boulangerie, la biscuiterie, la vermicellerie, l'amidonnerie, la féculerie et la décortication des légumineuses'; París 1867, Lib. Agricole de la maison rustique.

    

NUESTRAS SECCIONES



Historia de los alimentos y los utensilios

Restaurantes, restauradores y gourmets

Cocinas de países y lugares

Religiones y dietas

Estudios especiales

Viajeros, conquistadores y exploradores

Narraciones gastronómicas

Colaboraciones

Libros

Somos

Links


Visite nuestra otra web CIBERJOB.ORG
La decana de Internet

 

Si desea conocer la historia de la panadería le aconsejamos que visite nuestro gran monográfico que estamos confeccionando sobre la historia del pan. Presione aquí y conocerá casi todo sobre dicha materia


A nuestra web le fue concedido el Premio Nacional de Periodismo Gastronómico Álvaro Cunqueiro 2010
 (España)

 AYUDA PARA LA BÚSQUEDA RÁPIDA:
Introduzca el nombre o frase completa entre comillas que desee encontrar en nuestra web

 

En nuestra web En Internet
Busque cualquier tema en nuestra web con tan sólo poner el nombre que desea en la ventana de búsqueda

 

Puede visitar la auditoria que nos hace nuestro servidor Granred. Para ver los artículos más visitados y todo tipo de datos estadísticos presione aquí