La verdadera historia del café. La llegada a Europa (presentación)

A mi amiga Yolanda Sola

Carlos AzcoytiaHablar del café en Europa es también hacerlo de una bebida social y socializante, es parte intrínseca de la democracia del Continente porque es una infusión que no distingue de clases, es estimulante para el que hace trabajos intelectuales y para aquellos que utilizan su fuerza, no se entendería la Europa moderna sin el café, sin los cafés y su influencia en su historia, desde mi punto de vista sobrevalorado, quizá porque aborrezco su sabor.

Dicha bebida siempre tuvo algo de clandestina porque al aroma de las humeantes tazas se han tramado conspiraciones, se han tomado decisiones políticas y ha servido de mentidero; fue centro y causante de grandes ideas, inspiración o excitación en las mentes de poetas y novelistas, intermediario de grandes negocios, cómplice de ruindades y asesinatos, estímulo para el cansado obrero para que produjera más en beneficio de los grandes capitales, en definitiva fue y es una droga que condiciona nuestras vidas, creando señas de identidad de la cultura de occidente que nos une a todos.

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Es difícil discernir quien fue el primero en traer la costumbre de tomarlo porque se ha mitificado mucho su historia; hay indicios que, dependiendo el país, parecen demostrar que fue en un lugar u otro del Continente el que tiene la patente de su difusión, algo que me parece superfluo y que otros le dan una importancia a mis ojos espuria porque el café estaba destinado a formar parte de la cultura europea desde sus comienzos, algo que iremos comprobando según desbroce su historia, de todas formas creo haber encontrado indicios relativamente consistentes que demuestran su conocimiento en España sobre el año 1000, pero en manos de los árabes, en concreto de Almanzor, que podrá leerlo cuando publique ese apartado o capítulo dedicado a España porque creo que es un gran descubrimiento ya que está documentado.

Todo hace indicar que el primero en hablar del café como bebida, me refiero a un europeo, fue el médico, naturalista y viajero alemán Leonardo Rauwolf que salió de Augsburgo (Alemania) el 18 de mayo 1573, llegando a Alepo (Siria) en noviembre de dicho año, regresando de nuevo a su ciudad el 12 de febrero de 1576.

Leonardo hace referencia al café, que llama chaube, en el capítulo VIIII del libro que se publicó en Francia en 1583, hasta entonces ningún cristiano conocía la existencia de dicha infusión, y lo cuenta dentro del contexto que trata de los usos y costumbres de la ciudad de Alepo y que describe, más o menos, de la siguiente forma: “Tienen una buena bebida que llaman chaube, que es casi tan negra como la tinta, muy buena para la enfermedad, sobre todo para el estómago, de la que beben por la mañana temprano en lugares abiertos a todo el mundo, servido en tazas de China, tan calientes como sea posible.

En esta misma agua toman una fruta llamada Bunnu, su forma y color es casi como la del arrayán, con dos conchas finas, y que según me informaron las traen de la India; tiene en su interior dos granos amarillentos, seguramente es el bunchum que describe Avicena o el bunca de Rasis al’Alamens.

Este licor es muy común entre ellos, por lo cual hay un gran número de ellos que lo venden, y otros las bayas en todos los bazares”.

Los que les gustaba el café y eran verdaderos entendidos, en el siglo XIX, distinguían aquellos en cuanto a su calidad en el que procedía de Moka, ya que estimaban que era el original y mejor, muy estimado por su buen olor y gusto, al criarse en un clima muy seco, siendo el mejor de todos los que crecían en las faldas de las montañas y en terrenos pedregosos, conociéndose por su color verde claro, dividiéndose a su vez en tres tipos: el que en Turquía llamaban bahouri, sólo reservado para el Gran Señor y su serrallo; el saki y el salabi, que eran los que se vendían en Europa a precios elevados.

Después, según orden de calidad y como los comerciantes lo clasificaban, estaban, hablo ya una vez instaurada la costumbre de tomarlo, el de Jamaica, el de Santo Domingo, el de Berbice, el de Demarara, el de Puerto Rico, el de Cuba, el de Borbón, la Martinica y el de Java.

La moda del café en la sobremesa es deliciosamente recogida por Matías López (ver bibliografía) a finales del siglo XIX en donde nos decía: “La infusión del café debe tomarse especialmente sobre la comida. En la alta sociedad hay la costumbre de tomarlo fuera del comedor, y esta moda, que no es otra cosa que una novedad introducida por el deseo de la varicación, contiene un error injustificable, según las palabras de Curry: ‘porque se toma (dice) fuera de la hora del festín’. El café nunca puede aprovechar mejor que acabando de comer, ya que los efectos benéficos que entonces ejerce para la mejor digestión, según más detalladamente explica dicho autor en otro capítulo, ya también por atenuar, como atenúa en cierto modo y hasta cierto punto, los efectos que producen los excesillos de las bebidas alcohólicas, dejando a la vez embalsamado el paladar con el exquisito aroma del café, en esta ocasión tan propicia como saludable.

El café sobre la comida debe tomarse sin leche y en menor cantidad que cuando se toma con ella, si bien debe de procurarse que esté regularmente cargado, como lo toman en Francia e Inglaterra, donde tanto se aprecia aquél por sus incomparables y conocidas virtudes”.

Por todo lo expuesto sería insensato por mi parte, y poco profesional, el hacer un estudio de investigación general sobre la llegada del café a Europa, por lo que he decidido dividirlo en varios capítulos, dependiendo del área de influencia política imperante en el momento de su llegada y también por la incidencia que tuvo en los cambios sociales, siendo esto que lee susceptibles cambios o ampliaciones, dependiendo de la importancia que puedan tener futuros descubrimientos.

Básicamente he dividido el trabajo en cuatro grandes bloques, que a su vez se subdividirán en otros para su mejor conocimiento, quedando de la siguiente forma: Oriente de Europa e influencia germánica con la historia del café en Austria; La meridional o zona de influencia francófona con la historia del café en Francia, Holanda e Italia; la llegada e implantación fallida en Inglaterra y por último la historia del café en España.

Posteriormente estudiaremos la llegada al continente americano y su desarrollo, también el café tomado como, y en, la medicina de occidente, etc.

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