Independencia_barcelona_siglo_XIX

A mi hija con todo mi amor

Leyendo un libro de mediados del siglo XIX, ver bibliografía, encontré una recopilación de los hechos más destacados ocurridos en Cataluña tras la sublevación e intento de segregación de esa parte de Europa, o dicho legalmente, la sedición de la región catalana del estado de España y que indefectiblemente siempre estará condenada al fracaso pese a la cerrazón de algunos que, como siempre, pescan en río revuelto jugando con las emociones más o menos catetas de los pueblos.

El problema de los habitantes en un cambio histórico tecnológico es el de la inadaptación de casi todos a la modernidad, pese a servirse de los adelantos de los que disfrutan, se aprovechan del progreso pero hay raíces, como una resaca marina tremenda, que los arrastra al pasado, a las costumbres sociales añejas y a los pensamientos más conservadores.

Como nuestro sitio es algo más congruente que las irresponsabilidades del presente de unos y de otros, de lo que me siento avergonzado por ser un europeísta convencido, voy a dedicar este trabajo de investigación a la alimentación, o la carencia de ella, en un momento histórico tan parecido al de hoy que hasta puede llegar un momento en el que no sabrá si escribo del pasado o del presente.

En el prólogo del libro que lleva por título ‘Diario de los Sucesos de Barcelona en setiembre, octubre y noviembre de 1843’ nos encontramos con este sorprendente párrafo, donde el autor escribe: “Los sucesos de Barcelona en setiembre, octubre y noviembre de 1843 son tan extraordinarios y de tal magnitud, que sin duda merecen ser con toda fidelidad consignados para el vivo recuerdo de la generación presente y provechosa lección de las generaciones venideras”, algo que los incultos políticos actuales deberían leer, o contar la verdad, y algunos  ‘románticos’ deberían cambiar las caceroladas por los libros de historia, porque la cultura no manipulada engrandece a los pueblos sin ponerlos al margen de la ley.

Volemos con la imaginación a una Barcelona de mediados del siglo XIX, convulsionada por acontecimientos internacionales que le incumbían de una forma directa e indirecta y que sucintamente paso a narrar, pese a que hay algunos que al mirarse el ombligo lo crean el centro del mundo:

Con la caída de la reina María Cristina, viuda del nefasto Fernando VII, pasó la regencia, por la minoría de edad de Isabel II, al general Espartero, cuyo mayor opositor extranjero fue el rey francés Luis Felipe, lo que hizo que dicho general se aproximara al gobierno inglés, que en contrapartida consiguió de España una considerable rebaja de los aranceles que favorecían sus exportaciones de tejidos y máquinas textiles, algo que amenazaba a las industrias catalanas en la denominada cuestión algodonera.

Al enterarse el pueblo catalán se rebeló y salió a la calle, produciéndose algaradas y llenando sus principales ciudades de barricadas, en parte azuzados por los franceses que deseaban internacionalizar el conflicto, y así podemos leer en la prensa de la época lo siguiente: “Las industrias catalanas amenazadas protestaron. Como siempre ocurre, a esta cuestión se mezclaron las corrientes republicanas y socialistas, estallando un alzamiento en Barcelona, en 1842”. Como vemos no hay nada nuevo bajo el Sol, porque el conflicto actual comenzó a gestarse como consecuencia de la crisis económica pasada.

Moneda realista con Isabel II de 1842

La principal preocupación de las autoridades, de uno y otro bando, fue el desabastecimiento de alimentos y bienes esenciales para la población, ya que el que asegurara dicho extremo tendría a la mayoría de su lado, si no sumisa al menos obediente y cooperante, de forma que se dictaron leyes y órdenes encaminadas a dicho fin, algo que con la perspectiva del tiempo hasta nos pueden parecer chocantes o como mínimo improvisadas.

Por parte de las fuerzas realistas y constitucionales se creó una Junta Suprema, que se dividía a su vez en dos, la Junta de Armamento y la de Defensa, comandadas por militares. La primera orden que se dictó fue la de entregar todas las armas de fuego y correajes que estuvieran en posesión de la población civil en el plazo de doce horas, castigando a los que no obedecieran con multa de 500 reales de vellón. Con la misma cantidad a los que vendieran víveres a mayor precio del que lo hubieran hecho hasta el uno de septiembre, debiendo permanecer dichos establecimientos de comestibles abiertos todos los días, repartiendo la cuantía de dicha multa al cincuenta por ciento entre el delator y la Junta de Defensa, de forma que se fomentaba la delación, algo corriente desde la más remota antigüedad en España (aconsejo leer mis trabajos sobre las Ordenanzas de Sevilla en la centuria entre 1400 y 1500).

Entre las órdenes más importantes dictadas por el gobierno legal de España, contado de forma cronológica, estaban las siguientes:

El 11 de septiembre, siempre en Barcelona, se decretó prohibición de sacar víveres de la ciudad, siendo requisados, tanto estos como los carros y las caballerías que lo trasportaran, debiendo pagar de multa el doble del valor de la cantidad aprendida, advirtiendo que si era insolvente el infractor sería condenado a trabajar en las obras públicas encadenado por el tiempo que estimara la Junta, siempre ateniéndose al valor de lo requisado, siendo los productos vendidos en subasta pública.

El 13 de septiembre, tras anunciar que Arenys de Mar, Martorell y demás pueblos del Llobregat se habían unido a los centralistas, se permitía salir de la ciudad todos los artículos de comercio, excepto colchones, muebles, comestibles y equipajes.

El 14 de dicho mes nueva orden de la Junta Suprema en la que decretaba que todos los dueños de tiendas de droguería, confitería y otros comestibles deberían tenerlas abiertas al público en las “horas de costumbre“, advirtiendo que en el plazo de cuatro días se verificaría y si los dueños, por  miedo o por haber escapado de la ciudad, no podían abrir sus comercios serían multados con mil reales de vellón, siendo como anteriormente repartida dicha multa al cincuenta por ciento entre el delator y para los gastos de guerra.

El 1 de octubre se dicta una nueva orden en la que la Junta Suprema nombra gobernador de la plaza de San Jaime al coronel José Ventosa Quintas y en donde se manda a los dueños de tiendas y almacenes de comestibles inmediatos a la línea exterior de la fortificación que los retiraran al centro de la ciudad en el plazo de doce horas, advirtiendo que aquellos que no lo hicieran en dicho plazo “lo sean, previas las debidas formalidades, por una comisión que nombrará la Junta”.

El 3 de octubre se dicta por la Junta Suprema, hasta nueva orden, permitir introducir en la ciudad toda clase de comestibles sin pagar los derechos de puerta, exceptuando de dicha exención los vinos y licores.

El 13 de octubre nos muestra lo que es una ciudad sitiada y donde la Junta Suprema ya se hace eco de las protestas de la población civil ante la escasez de artículos de primera necesidad, procurando el acopio de harinas, trigo y otros tipos de grano, vinos y otros líquidos, estando depositados en el edificio de la Universidad Literaria o ex convento del Carmen y donde se vendía al público bajo la tutela de los vocales de la Junta Suprema. Ante el temor de algunos de los compradores de tener que pagar nuevamente los géneros a sus dueños, de cuyos almacenes habían sido expropiados o requisados, se les garantizaba lo contrario previo entrega de un vale o recibo de su compra.

El 27 de octubre, a fin de evitar que “salgan socorros para los anti-centralistas, la Junta prohíbe la extracción de dinero de esta capital en mayor cantidad que la de 100 reales de vellón, bajo la pena de decomiso, sin perjuicio de tratar á los contraventores como a traidores a la patria si se probase que el dinero iba dirigido á los enemigos”, insistiendo que continuaba en el ex convento del Carmen la venta de harinas, tocino y otros comestibles, anunciando la mayor afluencia de compradores ante las necesidades alimenticias de la población.

El 31 de octubre la Junta Suprema da la siguiente noticia: “Esta noche pasada han entrado en la plaza trece paisanos y un soldado. Parte de ellos han tomado las armas; los otros han traído arroz y algunos otros comestibles”.

No existen más declaraciones relacionadas con la alimentación de los realistas en contra de toda esta intentona separatistas, al menos en sus órdenes diarias, tan sólo misivas a modo de leyes o comunicados a las que se hacían referencia en las anteriores ya mencionadas.

Bombardeo de Barcelona

Llama la atención la orden número XXXV de la Junta Suprema, de fecha 18 de septiembre, que hacía oídos a los rumores difundidos entre la población por los separatistas donde se decía textualmente lo siguiente: “JUNTA SUPREMA PROVISIONAL DE LA PROVINCIA DE BARCELONA. Íntimamente convencida esta Junta Suprema de que el partido servil difunde estos días por la población la alarmante noticia de que va a ser bombardeada, con el objeto de amortiguar el espíritu público, cuando es de todo punto imposible el que las fortalezas arrojen proyectiles; pues que la experiencia tiene acreditado lo funestos que son á los gobiernos estos medios violentos, desconocidos por las leyes de la guerra, reprobados por los mismos hombres que en el día se complacen en esparcir estas voces, y condenados por todas las naciones cultas; y considerando por otra parte que el santo lema de Junta Central va encontrando eco en todas las provincias de España, y señaladamente en los pueblos de más importancia de este Principado, ha creído del caso manifestar al público, que las supuestas amenazas de bombeos con que se pretende intimidar a los débiles, son unas viles arterías de que se valen los enemigos de la situación creada para introducir la confusión entre los pacíficos habitantes de esta capital, y obligarles a retirar precipitadamente todos los muebles y efectos que pudieron haber extraído desde que estalló la revolución; y con el fin de restablecer la calma y hacer que renazca la tranquilidad pública, esta Junta decreta lo siguiente :

Artículo 1º Queda prohibida por ahora, y hasta nueva orden, la extracción de toda clase de comestibles, muebles, efectos y equipajes.

Art. 2º Los contraventores al artículo antecedente perderán lo que intenten extraer, con los carros y caballerías en que lo verifiquen, y además pagarán la multa de 500 rs.  aplicada por mitad a los aprehensores y a gastos de la guerra.

Barcelona 18 de setiembre de 1 843. El presidente, Rafael Degollada. José María Bosch. Vicente Soler. José Masanet. — Agustín Reverter. _ Antonio Benavent. Miguel Tort. — Tomás María de Quintana. José de Caralt. — Antonio Rius y Rosell. Juan Castells. Vicente Zulueta. — Tomás Fábregas , vocal secretarlo”.

Pues bien, el día 3 de diciembre de 1842, por la tarde, se bombardeó Barcelona desde Monjuich durante casi trece horas, cayendo sobre la ciudad 1.014 proyectiles, dejando un saldo de treinta muertos civiles y 460 edificios derruidos (al final de este trabajo podrá leer las veces que Barcelona fue bombardeada en la historia por parte del gobierno central).

Hubo otra orden, la número LXX, que deja clara la situación lamentable por la que debió pasar Barcelona en lo que a abastecimientos se refiere y que cito literalmente: “Deseando el Excmo. Sr. General en jefe de este ejército aliviar en cuanto sea compatible con el bando de bloqueo la lamentable situación a que se ven reducidas algunas familias por la falta de prendas, ropa y otros efectos de absoluta y precisa necesidad, se ha servido conceder permiso para que todas las mujeres de cualquiera clase y condición que sean, que deseen pasar a Barcelona puedan verificarlo en el día de mañana 19 de los corrientes bajo las reglas siguientes:

1º: Se permitirá la entrada en Barcelona a todas las mujeres desde las siete de la mañana hasta las ocho de la misma, debiendo verificarlo por el paseo las de dicho punto, Clot y San Andrés; efectuándolo por la Cruz Cubierta todas las de la línea del Llobregat.

2º: Ninguna podrá llevar comestibles ni efectos de ninguna clase, en la inteligencia que no se permitirá paso a la que falte en lo más mínimo a este precepto.

3º: Las mujeres que hayan de salir de Barcelona podrán verificarlo durante todo el día hasta las cinco de la tarde, desde cuya hora en adelante volverá a quedar en todo su vigor lo prevenido en el bando. Cuartel general de Gracia a 18 de octubre de 1843. De orden de S. E. El jefe de E. M. G.”.

La historia contada desde el lado independentista

Claro está que no sería honesto si no contara como veían los separatistas la misma situación, dejando al lector la posibilidad de discernir la verdad, haciendo una media ponderada de lo contado por ambas partes.

De autores anónimos, posiblemente temerosos de represalias por parte del gobierno central (ver Bibliografía), entresaqué unas interesantes observaciones, que aunque fueron escritas a posteriori, tan sólo uno o dos años, no dejan de tener su peso histórico y la visión de una realidad deformada por la situación política en la que cada uno de los informantes estaba, con su parte de verdad y también con sus mentiras más o menos interesadas.

Sobre las carencias de víveres en una Barcelona ocupada y sitiada tenemos la siguiente apreciación: “El 4 noviembre (de 1843) la capital de Cataluña se hallaba rigurosamente estrechada por las tropas de la Reina; muchos días había, que estaba sitiada por mar y tierra; y bien pronto careció de carnes frescas, de legumbres y verduras. Los comestibles de más consumo se vendían a precios muy subidos; y la carencia de los primeros alimentos se apoderó de toda la ciudad. En todos los barrios se repartía todos los días a los pobres una sopa, que se componía de una ración de puchero en el cual había, tocino, legumbres, col, fideos, se les daba igualmente un panecito de buena calidad. Esa sopa la costeaba parte la Junta, y parte la generosidad de los vecinos. Muchos de los pobres agraciados hacían de la sopa un monopolio, vendiéndola por cuartos a otros más infelices, que con mucho más motivo la necesitaban, y se les había negado”.

Si somos ecuánimes discerniremos que pese a haber escasez de alimentos es evidente que, una vez conocidos los ingredientes de la comida de los pobres o de caridad, la ciudad no debía estar excesivamente desabastecida, creo que hasta mucho mejor que, por poner un ejemplo, los asilos del sur del país, me refiero a España, si tenemos presente que me refiero a mediados de siglo XIX.

La parcialidad en la información le encontré en otros párrafos de distintos libros, porque todo depende de cómo se cuente una situación concreta, y donde se puede leer lo siguiente: “Tuvimos ocasión de entrar en la parroquial Iglesia de santa María del Mar por la puerta colateral de la calle de Sombrereros, única que estaba abierta: su nave estaba ocupada por armas y pertrechos de guerra: las capillas llenas de inmundicia y montones de paja y jergones: allá y acullá grupos de centralistas ocupados en el juego, mientras que otros robaban las joyas de la Virgen del Rosario, dos cornetas retumbaban sus estrepitosos ruidos por las bóvedas del templo; había una cantina, donde se vendía toda clase de comida y refrescos, y en donde mayormente se aderezaban la carne de los gatos que pillaban de la vecindad. Permanecimos un rato allí solo para trasladar a nuestros lectores la exacta relación de aquellos insultos cometidos contra el templo del Señor”, situación que se intenta describir como de caos y depravación de las fuerzas ocupantes, algo relativamente poco creíble porque aquello no podía ser el ejército de Pancho Villa (sin querer ofender a los mexicanos) pero difícilmente verosímil en un ejército semi profesional, pese a conocer en mis carnes la vida cuartelera y el ambiente degenerado que existía en los cuarteles entre la soldadesca, pero de ahí a lo narrado va mucho trecho.

Otro ejemplo de lo dicho lo tenemos en otro párrafo no menos interesante: “Desde las 9 de la noche hasta las 4 de la madrugada, se brinda á aquella turba soldadesca con licores fuertes, hojaldres y rosquillas; y a pesar de tener un paladar embotado por el abuso de los vinos, algunos apenas pudieron catar un aguardiente compuesto, que con abundancia se les brindaba. Mucho antes de dar el asalto se les veía casi a todos ebrios, y mucho más encendido su entusiasmo”, creo que esto ya no merece comentarios.

Importante me parece destacar los mercados que estaban operativos en la capital, por entonces una ciudad casi provinciana, y que estaban situados en la plaza de Santa Catalina y en la de San José (el actual mercado de La Boquería), existiendo también otro de tabaco en la plaza de la Bocana y que de nuevo, para hacer victimismo decían “en la cual se reunía lo mejor de la gente del partido centralista”, por lo visto para comprar tabaco se debía pedir, en plan irónico por mi parte, el carnet de no catalanista.

Hay que resaltar una orden, reflejo de la desesperación de las autoridades del estado español por la falta de víveres que podía llevar a la población a sublevarse más si cabe, que dictaba que entre los días 15 al 26 de septiembre de 1843: “no debe permitirse la entrada de ninguna persona, sin que traiga alguna provisión de boca. Desde luego se vio á los que entraban, sin distinción de edad, sexo y categoría, con coles en la mano, apios, lechugas, panecitos, botellas de vino, puñados de piñones, nueces, avellanas etc. De modo que había un ridículo contraste ver con un rábano o  col en la mano á un caballero o a una dama elegantemente vestidos”.

Con fecha 13 octubre la Junta avisa: “que no perdiendo nunca de vista el interesantísimo punto de la subsistencia de los moradores de esta populosa capital (aquí hace una llamada para aclarar que “Hubiera dicho mejor desierta y casi abandonada” y donde prosigue: “Desde luego fueron abiertos los almacenes y depósitos de víveres sacados y conducidos los granos, harina, tocino, jamones, bacalao, sardinas, sal y vinos, al depósito del indicado convento donde se vendían a pública subasta”.

Para abrir dichos almacenes iban un alcalde de barrio, seis notarios públicos, un comisionado, un cerrajero y “una partida de centralistas armados”, con la intención de garantizar la transparencia de la requisa… pero de nuevo encontramos la tendenciosa y creo que torpe versión de aquellos que quisieron dejar constancia de sus mentiras, insultando la inteligencia de sus futuros lectores, porque se hace difícil comprender, por la gran cantidad de personas que intervenían en aquellos actos, lo siguiente: “Esos individuos como a primeros (aunque ocultamente] se detenían lo que bien les parada; y más de una vez vimos comisionados de barrio vender arroz, sal, legumbres, y vinos procedentes de aquellos almacenes con escándalo de los pacíficos”, para agregar y dar veracidad a lo dicho, sin sonrojarse: “Sentimos el tener que dar esta relación, pero como somos historiadores, estamos obligados, en publicar la verdad”, a lo que agrego de mi cosecha: menudos historiadores de pacotilla y estafadores eran.

Como hemos leído, las requisas por parte del estado se hacían para evitar la escasez de alimentos en Barcelona, tanto por qué los dueños de los almacenes había huido o por qué los escondían para especular con los precios, pero aún así nuestro informador, yo diría desinformador, nos cuenta: “La Junta se apodera de los comestibles de los depósitos y almacenes de los particulares, vendiéndolos a pública subasta, no pudiendo expenderlos sus propios dueños o apoderados, a pesar de las muchas instancias que de parte de estos se le dirigieron. Lo que ni podían vender por mayor lo hacían por menor en el suprimido convento de Carmelitas Calzados y su colegio: allí se veía un grande aflujo de mujeres (casi todas del partido) que iban á llenar de vino sus botellas; sus espuertas de carbón de superior calidad; y proveer de jamones, arroz, habas y demás granos y legumbres”, de nuevo dichos individuos con su ‘imparcialidad’ dejaron constancia de la discriminación que se tenía hacia los independentistas con su frase aclaratoria de ‘casi todas del partido’, las que no lo eran seguramente les tocaba el suministro por sorteo a modo de lotería.

Para terminar que mejor que hacerse eco de las denuncias vertidas, con razón o sin ella, de lo que ocurrió en aquellos días de sitio de la ciudad desde una visión distinta e interesada a consumo interno, ya que a nivel nacional habría sido indignante, y así nos topamos con lo siguiente: “Los almacenes de sardina, bacalao, anchoas, etc. de varios particulares situados en los almacenes del baluarte de Medio día, y Rech, fueron abiertos. Como también los depósitos de vinos y licores de todas calidades. Y seriamos demasiado cansados si intentásemos anotar todos los robos legalizados y no legalizados, que se perpetraron en Barcelona durante los días de sitio. Solo vamos a referir el que se efectuó en casa de un pobre caduco de unos 70 años de edad, llamado el Sr. Surroca. Ese viejo tenía un pequeño depósito de nueve onzas en oro, producto de sus afanes, y esperanza de su vejez cuya cantidad se la robaron. Y en su desesperación maldijo la jamancio delante de algunos individuos de la misma, cuya desesperación natural poco le faltó no le causase la muerte”, debo suponer que sería por infarto de dicho individuo ‘caduco’ que pensaba aprovecharse de aquellos que pasaban necesidad alimenticia para enriquecerse vendiendo su mercancía por valor de ‘nueve onzas de oro’ y que, en su usura, soñaba en multiplicarla por mucho.

Los ecos del pasado

Hemos conocido como veían el problema entre los dos contendientes y ahora, como bosquejaba al comienzo de esta investigación, sería de interés saber, aunque someramente, como apreciaban este levantamiento internacionalmente y que, como veremos, ganaba la influencia francófona.

En primer lugar expondré la francesa en los asuntos internos españoles cuando se decía: “Espartero sitió a Barcelona y la bombardeó brutalmente. Era cónsul francés en esa ciudad Ferdinand de Lesseps (el constructor de los canales de Suez y Panamá) quien socorrió como pudo a sus connacionales, y en particular a los implicados en el alzamiento, lo que motivó el reconocimiento de todos los gobiernos, menos del inglés. Manuel de Sarratea, en carta a Arana de 31 de diciembre de 1842, destacaba que las cuestiones de Bélgica, España y Oriente habían “entibiado las relaciones de las dos potencias, y no es probable que la intimidad se recobre pronto”. Por su parte, Manuel Moreno, en carta de 4 de enero de 1843, agregaba: “De resultas del suceso de Barcelona se ha desplegado más la animosidad y sentimientos hostiles de muchos políticos franceses contra la Inglaterra, al menos de una gran parte de la prensa periódica de París, que ha acusado a este gobierno (el de Londres) y a sus funcionarios de haber atizado las pasiones del Regente (Espartero) contra los habitantes de aquel pueblo por su oposición al tratado de comercio que se pretende hacer de parte de Inglaterra con España, según suponen, con perjuicio de aquella provincia… Por su lado, la prensa inglesa ha acusado al gobierno francés y a sus oficiales de que el levantamiento de Barcelona ha sido todo intriga suya, para destruir… la influencia inglesa…“.

El presbítero y coronel argentino, Juan Antonio Argerich Marti (1788-1848), dijo en un discurso en el Congreso argentino, refiriéndose a la injerencia inglesa en dicho país: “¡Humanidad! ¡Esta palabra en boca de nuestros invasores! Por humanidad se mezclan y se empeñan en dirigir nuestra política, en desconocer nuestros derechos o promover nuestra infamia. ¿Cómo no pusieron esa humanidad en ejercicio cuando presenciaron impasiblemente el ataque y bombardeo de Barcelona? ¿No había allí gran población y grandes intereses de esas dos naciones civilizadoras? Señores, estos humanos miraban con placer los destrozos que en la capital más industriosa de España causaba la ferocidad de Espartero, porque sus fábricas destruidas facilitarían la entrada del algodón manufacturado inglés, cuya concesión había hecho el Regente. ¡Humanidad! Igual a la que usaron los franceses en la guerra de España: dirigieron sus ataques sobre San Sebastián, sólo porque tenía fábricas, las incendiaron y redujeron a cenizas.”.

Corolario de un independentismo catalán surrealista

No deben de existir dudas de que no soy independentista, en primer lugar porque no concibo un mundo fragmentado, de pequeños estados, cuando Europa tiende a ser un único país, Estados Unidos de Europa o la Unión Europea; no tiene sentido fabricar pequeños reinos de Taifa con mentiras, robos y condenar a la pobreza de muchos en beneficio de muy pocos. No se puede tensionar a una sociedad hasta el punto de radicalizarla y enfrentar unos contra otros, porque cuando la Ley, aceptada por todos, es cuestionada y despreciada, se favorecen los abusos de una y otra parte, independientemente de despertar a una ultraderecha, de uno y otro bando, que creíamos muerta para siempre y obsoleta.

Se vivieron, tanto entonces como ahora, escenas de opereta, que si no fuera por las desgracias sufridas por los inocentes hasta nos podrían dar risa; en la actualidad se invoca el siglo XXI cuando se intenta vivir con el pensamiento del XIX, hay fugados en el extranjero como si fuera esto una novela romántica, con un  estado, el de España, que ante su inactividad favoreció todo lo que está ocurriendo, presumiblemente para esconder a la opinión pública los desafueros cometidos en materia de corrupción, mientras el paro sube, las empresas escapan y se deja sin futuro a medio y corto plazo a una gran masa de trabajadores, casi todos de otras provincias, que han hecho grande esa región.

Vergüenza debería de darnos con esta guerra de banderas, porque ella debe estar los corazones y no en los balcones provocando.

Bombardeos sobre Barcelona en su historia:

  • La pésima política del Conde Duque de Olivares respecto a la preparación de la Guerra de los Treinta años, exigiendo hombres y dinero para afrontar dicha contienda, sumado a las barrabasadas de las tropas mercenarias acantonadas que robaban a la población catalana, desembocó en el conocido ‘Corpus de Sangre’ el 7 de junio de 1640 y que condujo a uno de los mayores fracasos de las Cortes Catalanas, al incorporarse a Francia y desgajándose de España, en la llamada Guerra de los Segadores. Este hecho, pese a la esperanza de todos, terminó cuando se dieron cuenta que el rey francés Luis XIII los trataba peor y los ahogaba con más impuestos que el español Felipe IV, terminando todo con el asedio de Barcelona del año 1651, dirigido por Juan José de Austria, rindiéndose la plaza en 1652, siendo bombardeada la ciudad repetidas veces. Tras su rendición Cataluña reconoce al rey español y al mencionado Luan José de Austria como virrey, previa firma de Felipe IV acatando las leyes catalanas.
  • Los días 25 de agosto y 15 de septiembre de 1705, durante la Guerra de Secesión, estando la capital, Barcelona, ocupada por las tropas Borbónicas fue acosada por la artillería aliada, cayendo el primer día más de seis mil bombas y en la segunda no se tiene constancia, debió de ser bastantes más, dado que se rindió el virrey Velasco para dar el mando al archiduque Carlos.
  • En 1842, como he contado, la ciudad de Barcelona fue bombardeada, leer más arriba. Al año siguiente, 1843, el general Prim repitió la ‘hazaña’, dejando frases ‘memorables’ que no lo han dejado en buen lugar en la historia pese a ser un buen militar pero sí un pésimo político. En la llamada rebelión de la Jamancia (Hambriento), contra los conservadores, se le debe esta perla: “Faixa o caixa” o lo que era lo mismo: el fajín de general o la muerte, de forma que puso Barcelona en asedio durante dos meses, haciendo bombardeos masivos y dejando un tercio de la ciudad en escombros, eso sí recibió el fajín de general.
  • Otro general que tampoco tenía desperdicios era Espartero, Duque de la Victoria, al que se le atribuye el siguiente comentario: “Hay que bombardear Barcelona cada 50 años para mantenerla a raya”, dicho esto seguro que se iría a dormir tan pancho y es que vivimos en un país de cabrones.
  • En la llamada Semana Trágica, en 1909 (entre los días 26 de julio y 2 de agosto), los catalanes se sublevaron y llenaron Barcelona, entre otras poblaciones, de barricadas en protesta contra el decreto de Antonio Maura por las forma de alistar quintas para la guerra de Marruecos, casi todos gente humilde y muchos de ellos padres de familia, se sublevaron al grito de “¡Abajo la guerra!, ¡que vayan los ricos!, ¡Todos o ninguno!”, siguiendo la quema de iglesias por parte del pueblo, sobre 80 iglesias, dejando un saldo de 78 muertos (75 civiles y 3 militares) más medio millar de heridos, siguiendo una represión brutal una vez pacificada la revuelta con la detención de más de 2.000 supuestos rebeldes, 5 de los cuales fueron condenados a muerte.
  • El 6 de octubre de 1934 el presidente Lluis Companys declara la independencia unilateralmente o algo parecido, ya que pretendía hacer una federación de estados ibéricos, lo que llevó a la intervención de la república española que puso al mando militar al general Domingo Batet, hombre sensato para su tiempo que fue fusilado o asesinado ‘legalmente’ el 18 de febrero de 1937 por el régimen fascista del general Francisco Franco. Batet, pese a las impaciencias de la república española, esperó a que se hiciera de día, el 6 de octubre, para que hubieran menos bajas, utilizando obuses no incendiarios, que fueron dirigidos, uno contra el edificio de la Generalitat y varios cañonazos contra el edificio del CADCI en plenas Ramblas y donde murieron al menos tres separatistas.
  • El 26 de enero de 1939 entran las tropas franquista en una Barcelona devastada tras 118 bombardeos por mar y por aire, estos últimos efectuados por sus aliados fascistas italianos desde sus bases en Mallorca, comenzando una encarnizada persecución contra los demócratas, tanto de un lado y del otro, nacionales e independentistas que habían luchado codo con codo contra el fascismo.

Bibliografía:

Diario de los Sucesos de Barcelona en setiembre, octubre y noviembre de 1843. Con un apéndice que contiene los documentos oficiales más importantes. Anónimo. Imprenta y librería de Pablo Riera. Barcelona 1843.

Acontecimientos políticos e históricos de Barcelona desde el 2 septiembre de 1843 hasta la entrada de las tropas nacionales, con las medidas oportunas que tomó el Gobierno Militar y Municipal después de haber entrado en el goce de sus legítimos derechos. Unos literatos (sin decir nombres, tan sólo iniciales de sus nombres D. Y. P. y D. M. G.). Imprenta Ramón M. Indar. Barcelona 1843.

Historia de la Argentina. D. Sierra, Vicente. Editorial Científica Argentina. Buenos Aires, 1849.

Revolución de Barcelona proclamando la Junta Central. Anónimo. Imprenta Manuel Saurí. Barcelona 1844

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