LA VUELTA AL MUNDO en tres años menos catorce días: Magallanes y Elcano

“El alma está en el cerebro” (Eduard Punset)

A Mirtha Patricia Millán Montalvo con amor

LA VUELTA AL MUNDO en tres años menos catorce días: Magallanes y Elcano

Este año de 2019 se han cumplido 500 años de una de las mayores epopeyas de la humanidad, la primera vez que el ser humano circunnavegó el planeta, demostrando ante los escépticos, que los había, que la tierra era y es como un queso de bola,

Esta gesta, como casi todas, otros se la quieren arrogar en lo que llamo los robos históricos, algo que está ocurriendo con nuestro vecino Portugal que reivindica al nacido en dicho país y “nacionalizado español” Fernando de Magallanes o a los ingleses, cuyo pirata Sir Francis Drake, que llegó a apropiarse de ser el autor de la primera vuelta al mundo sesenta años después de la gesta española, teniendo la desfachatez dicho individuo de añadirlo a su escudo nobiliario.

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Bien, aquellos héroes que formaron la tripulación de las naos cuyos nombres, cargos y nacionalidad se citan fueron:

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La primera vuelta al mundo fue la más compleja y difícil de todas las epopeyas en la Era de los Descubrimientos, tanto por la carencia de las infraestructuras como por la incertidumbre en el éxito de dicha empresa, la cual estuvo casi abocada al fracaso, como muy bien se puede entender si tenemos presente que de los 237 hombres que zarparon sólo volvieron 18, todos enfermos, tras tres años menos catorce días de privaciones y calamidades de todo tipo que padecieron y con el único fin de demostrar, por orden del rey de España, que las islas Molucas pertenecían a la corona española tras el reparto del mundo que se hizo por mediación del Vaticano entre Portugal y España y que daría el camino libre para comerciar con las codiciadas especias al encontrar el tan buscado paso entre los océanos Atlántico y Pacífico.

En dicho viaje pasó de todo, desde abandono de hombres, algunos castigados, descuartizamientos, pasando por acusaciones de homosexualidad, muertes por hambre o luchando contra los nativos e incluso abandonos y vuelta a España de otros, toda una fantástica historia protagonizada por aquellos héroes.

Ante este preludio no me resigno a poner el nombre de todos aquellos marinos, tan olvidados por el Ayuntamiento de Sevilla, que en su nomenclátor de la ciudad dedica calles a toreros, cantaoras, Vírgenes y Cristos insospechados (por lo que parece no fueron uno y según ellos formaban regimiento) o alcaldes de dudoso pasado fascista e incluso algunos nombres de otros anónimos desconocidos que nadie sabe quiénes coño fueron (cuyos nombres me reservo). En total, en el barrio de donde salieron Magallanes y sus hombres, hoy llamado de Los Remedios, una veintena de calles llevan nombres de Vírgenes (Virgen de Luján, Virgen de Loreto, Virgen de la Fuensanta, etc.), más una que se llama Asunción más otra Monte Carmelo y una tan sólo que se denomina Sebastián Elcano; viva la cultura de nuestros políticos y funcionarios que hacen la propuesta de nombres de calles de la corporación municipal de Sevilla.

Llegada de los sobrevivientes

Los sobrevivientes que volvieron en la nao Vitoria, fueron los siguientes: Capitán: Juan Sebastián de Elcano. Piloto: Francisco Albo. Maestre: Miguel Rodas. Contramaestre: Juan de Acurio. Marino: Martin de Yudicibus. Barbero: Hernando de Bustamante. Condestable: Aires. Marineros: Diego Gallego, Nicolao de Nápoles, Miguel Sanchez de Rodas, Juan Rodriguez de Huelva, Antón Hernandez Colmenero. Grumetes: Juan de Arratia, Juan de Santander, Vasco Gómez Gallego. Page: Juan de Zubileta. Sobresaliente: Antonio Lombardo (al estar tomada esta relación del Archivo de Indias de Sevilla, no existen dudas que este último es Antonio Pigafetta, al que llamarían así por ser natural de Lombardia). A estos habría que sumar un indio que sobrevivió al viaje.

Fernando de Magallanes , el personaje.

El hombre al que se le debe la iniciativa de encontrar el paso entre el océano Atlántico y el Pacífico, Fernando de Magallanes, nació en Oporto (Portugal), cuya biografía aconsejo leer porque no pienso reescribir lo ya escrito; hombre de aspecto menudo y cojo como consecuencia de una herida de guerra que se la produjo en el sitio de Azamor en Marruecos, donde recibió un lanzazo en la corva de la pierna y matando a su caballo, arrebatándole los portugueses a los moros mucho ganado, siendo nombrado por este hecho ‘Cuadrillero Mayor’ junto con Álvaro Monteiro.  Como consecuencia de lo narrado hubo quejas de los habitantes de la ciudad que no estaban de acuerdo con el botín que les habían concedido por aquella correría.

Marchó Magallanes a Portugal solicitando que se le reconociesen sus méritos y servicios al rey, pero tras no conseguirlo lo volvieron a enviar a Azamor donde debía rendir cuentas ante la ley, acusándole entre otras cosas, de fingir su cojera y la distribución del ganado apresado a los enemigos, de lo que obtuvo sentencia favorable, tras lo cual vuelta a empezar de nuevo volviendo a Portugal con las mismas pretensiones con el rey, algo que nunca llegó a conseguir, como muy bien contó Manuel Faria de Dousa, Caballero de la Orden de Cristo y de la Casa Real en sus ‘Comentarios a la Lusiada de Camoes’ impreso en Madrid en el año 1639: “sin que por esto lograse mejor trato ni mayor consideración del rey, que siempre le miró con enojo y desconfianza. Viéndose, pues, Magallanes, sin aquel precio de calidad que su rey le negaba y él creía serle debido por su nacimiento y servicios, que todo era bueno, se desnaturalizó del reino con actos públicos, y pasóse á servir al emperador Cárlos V”.

Hasta aquí el Magallanes portugués y el nacimiento del español, para que no queden dudas sobre la nacionalidad escogida por nuestro hombre.

Antes de salir de Portugal ya tenía en su pensamiento el proyecto de ir a las Molucas por un nuevo derrotero consultando con algunos pilotos en las navegaciones asiáticas y donde gracias a su correspondencia con su amigo Francisco Serrano, que estaba en Ternate (hoy ciudad de Indonesia), concibieron la idea que las Molucas caían dentro de la longitud que había demarcado en su bula el Papa Alejandro VI como tierras pertenecientes al reino de Castilla. Por otra parte compartieron la idea, oídas de la marinería, que debía haber otra derrota para llegar a aquellas islas pasando por un canal o estrecho en América de Sur.

Con esta idea se encaminó a Castilla con el astrónomo Rui Falero, y con el mercader de Amberes Cristóbal de Haro también agraviados ambos por el rey de Portugal, llegando a Sevilla el 20 de octubre de 1517. En esta ciudad trabó amistad con Diego Barbosa, portugués, Comendador de la Orden de Santiago y Teniente de Alcalde de los Reales Alcázares, con cuya hija, Beatriz, se casó, posiblemente antes de enero de 1518. Igualmente hizo amistad  con Juan de Aranda, factor de la Casa de la Contratación.

Con estos contactos partió de Sevilla con la intención de convencer al emperador Carlos V  junto con la duquesa de Arcos el 20 de enero de 1518.

Sevilla, vista desde el barrio de Triana

No necesitó mucho esfuerzo Magallanes para convencer al emperador y sus ministros, ya que según Pigafetta les mostró un globo terráqueo contándoles que aquel paso oculto lo había visto en una carta hecha por cartógrafo Martín Behem que se guardaba en la Tesorería del rey de Portugal, sin especificar el lugar del paso, y que ocultaba celosamente, contándoles el gran provecho que tendría la corona al no depender de los portugueses en la ruta de las especias.

Dejo la lectura de la decisión que tomaron Carlos V y su consejo en manos de Martín Fernández de Navarrete en su ‘Colección de los viajes y descubrimientos que hicieron por mar los españoles’, Tomo IV: “Lo cierto es que así al rey como a los de su consejo, pareció esta propuesta tan ideal como dificultosa, por juzgarse entonces que el continente americano (aun no enteramente conocido) se extendía de norte a sur, sin interrupción y sin dejar paso o estrecho que se pudiese atravesar para la comunicación de los dos mares. Luchando  con estas dudas y dificultades, dilataban la resolución del proyecto, trayendo entretenidos a sus autores; pero como estos insistiesen en ello con empeño, deseando se hiciese  por su mano e industria el descubrimiento de esta nueva derrota para las Molucas, se ofreció Magallanes a ir en persona a descubrirlas, y Cristóbal de Haro a armar a su propia costa y de sus amigos las naos que para aquel viaje fuesen necesarias. El emperador, ya más confiado y estimándolo más decoroso, resolvió al fin que todo el armamento y apresto de la armada se hiciese a sus propias expensas, dando por sí a Magallanes la conveniente instrucción para ejecutar una empresa que muchos creían imposible, y otros por lo menos muy aventurada”.

El 22 de marzo se concluyó solemnemente el contrato y se mandaron construir cinco navíos, corriendo a su cargo, el armarlos, el emperador y concediéndoles el rango de capitanes a Magallanes y a Falero dotándoles con un sueldo de 50.000 maravedís abonables desde esa fecha y a pagar en la Casa de la Contratación de Sevilla.

Partió la comitiva abandonando Valladolid y las Cortes de Castilla a principios de abril de 1518 yendo a visitar en Aranda de Duero al infante D. Fernando, el cual expidió  el 17 de abril la siguiente Cédula: “1º Que además del sueldo que les habían asignado como a capitanes suyos, se les abonasen 8.000 maravedís cada mes mientras sirviesen en la armada en que iban á descubrir.

2.º Que tambien se les diesen á cada uno 30.000 maravedís, para ayuda de costa, la cual cobraron el 7 de mayo.

3º Que aun cuando muriesen en la demanda, se cumpliesen en sus herederos las mercedes que se les habían concedido a perpetuidad, siempre que dejasen a sus sucesores en el mando tal instrucción que asegurase la conclusión de la empresa.

4º Que los oficiales de la Contratación hiciesen examinar de pilotaje al sujeto que presentasen Magallanes y Falero, como estos lo habían solicitado, y hallándolo hábil se le nombrase piloto Real, con 20.000 maravedís de salario, sin los 3.000 que debería disfrutar mensualmente mientras durase el viaje.

5º Que los mismos capitanes observasen la instrucción que se les enviaba, y en la cual se les prevenía, entre otras cosas, que fuesen á Sevilla y entendiesen con los oficiales de la Contratación en aprestar la armada; que en ella irían factores, contadores y escribanos nombrados por el rey: que por mano de estos se haría todo rescate y tratos y que cuanto se adquiriese se entregase al tesorero ó factor que fuese por S.A., quien lo traería á la casa de Sevilla”.

No todo fue un camino de rosas para Magallanes, ya que tuvo que lidiar con los de la casa de Contratación que torpedeaban el proyecto, llegando a agitar a la gente para que fracasara la empresa, pero esto ya pertenece a otros historiadores contarlo, ahora lo importante es contar que llevaba de alimentos la armada, dejando para más adelante la biografía de Juan Sebastián Elcano.

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Uno de los principales problemas a solventar fue el de abastecer las naos de alimentos, que junto al armamento básico y los abalorios, que servirían de moneda para intercambiar con las especias o nuevos alimentos, debían ser la base de la logística de la expedición que estaba formada por los barcos bautizados con los siguientes nombres: Nao Trinidad, nao Santo Antonio, nao Concepción, nao Vitoria y nao Santiago.

Bastimentos totales de la expedición:

Pipas de vino, total 415,5 pipas

Nao Trinidad: 94,5 pipas; Nao Santo Antonio: 90 pipas; Nao Concepción: 89 pipas; Nao Vitoria: 82 pipas; Nao Santiago: 60 pipas

Pipa= 420 litros

Arrobas de aceite, total 475 arrobas

Nao Trinidad: 100 arrobas; Nao Santo Antonio: 105 arrobas; Nao Concepción: 100 arrobas; Nao Vitoria: 100 arrobas; Nao Santiago: 70 arrobas

Arrobas= 11,502 Kilos

Vinagre, total 200 arrobas

Nao Trinidad: 40 arrobas; Nao Santo Antonio: 50 arrobas; Nao Concepción: 40 arrobas

Nao Vitoria: 40 arrobas; Nao Santiago: 30 arrobas

Pescado seco y bastina, total 245 docenas

Nao Trinidad: 50 docenas; Nao Santo Antonio: 50 docenas; Nao Concepción: 50 docenas; Nao Vitoria: 50 docenas;Nao Santiago: 45 docenas

Bastina seca por pescado, total 18 arrobas

Nao Trinidad: 4 arrobas; Nao Santo Antonio: 4 arrobas; Nao Concepción: 4 arrobas; Nao Vitoria: 4 arrobas; Nao Santiago: 2 arrobas

Tocinos añejos, total 228 arrobas

Nao Trinidad: 60 arrobas; Nao Santo Antonio: 54 arrobas y 12 libras; Nao Concepción: 41 arrobas y 2 libras; Nao Vitoria: 41 arrobas y 12 libras; Nao Santiago: 31 arrobas y 11 libras

Habas, total 42,5 fanegas

Nao Trinidad: 8,5 fanegas; Nao Santo Antonio: 8,5 fanegas; Nao Concepción: 8,5 fanegas; Nao Vitoria: 8,5 fanegas; Nao Santiago: 8,5 fanegas

Fanegas= 55,5 litros

Garbanzos, total 82,5 hanegas

Nao Trinidad: 2 botas, 18 hanegas; Nao Santo Antonio: 2 botas, 18 hanegas; Nao Concepción: 2 botas, 18 hanegas; Nao Vitoria: 2 botas, 18 hanegas; Nao Santiago: 1 bota, 10 hanegas

Lentejas, total 2 hanegas

Nao Trinidad: 6 celemines; Nao Santo Antonio: 6 celemines; Nao Concepción: 5 celemines; Nao Vitoria: 5 celemines; Nao Santiago: 2 celemines

Harina, total 5 pipas

Nao Trinidad: 1 pipa; Nao Santo Antonio: 1 pipa; Nao Concepción: 1 pipa; Nao Vitoria: 1 pipa; Nao Santiago: 1 pipa

Ajos, total 250 ristras

Nao Trinidad: 55 ristras; Nao Santo Antonio: 55 ristras; Nao Concepción: 50 ristras; Nao Vitoria: 50 ristras; Nao Santiago: 40 ristras

Quesos, total 112 arrobas y 17 libras

Nao Trinidad: 27 arrobas y 24 libras (232 quesos); Nao Santo Antonio: 19 arrobas y 6 libras (246 quesos); Nao Concepción: 20 arrobas y 5 libras (181 quesos); Nao Vitoria: 19 arrobas y 5 libras (144 quesos); Nao Santiago: 16 arrobas y 2 libras (¿? Quesos)

Miel, total 54 arrobas y 2 libras (37 botijas)

Nao Trinidad: 13,5 arrobas; Nao Santo Antonio: 12arrobas y 2 libras; Nao Concepción: 10,5 arrobas; Nao Vitoria: 10,5 arrobas; Nao Santiago: 7,5 arrobas

Almendras con cáscara 12 hanegas

Nao Trinidad: 2 hanegas y 8 celemines; Nao Santo Antonio: 2 hanegas y 8 celemines; Nao Concepción: 2 hanegas y 8 celemines; Nao Vitoria: 2 hanegas y 8 celemines; Nao Santiago: 1 hanega y 4 celemines

150 barriles de anchoas y 5 jarras de dos arrobas cada de sardinas repartidas por igual entre las cinco naos destinadas para cebos de pesca.

Pasas de sol y lejía: 75 arrobas.

Nao Trinidad: 22,5 arrobas; Nao Santo Antonio: 15arrobas;Nao Concepción: 15 arrobas; Nao Vitoria: 15 arrobas; Nao Santiago: 7,5 arrobas

Ciruelas pasas: 200 libras.

Nao Trinidad: 128 libras; Nao Santo Antonio: 22 libras; Nao Concepción: 20 libras; Nao Vitoria: 20 libras; Nao Santiago: 10 libras

Higos: 16 seras.

Nao Trinidad: 4 seras y 4 quintales; Nao Santo Antonio: 4 seras y 4 quintales; Nao Concepción: 3 seras y 3 quintales; Nao Vitoria: 3 seras y 3 quintales; Nao Santiago: 2 seras y 2 quintales

Azúcar: 272 libras

Nao Trinidad: 121 libras; Nao Santo Antonio: 95 libras; Nao Concepción: 20 libras; Nao Vitoria: 19,5 libras; Nao Santiago: 16,5 libras

Carne de membrillo: 70 cajas

Nao Trinidad: 55 cajas; Nao Santo Antonio: 4 cajas; Nao Concepción: 4 cajas; Nao Vitoria: 4 cajas; Nao Santiago: 3 cajas

Alcaparras: 2 jarras en la nao Trinidad

Mostaza: 18 jarras

Nao Trinidad: 5 jarras; Nao Santo Antonio: 4 jarras; Nao Concepción: 4 jarras; Nao Vitoria: 3 jarras

Nao Santiago: 2 jarras

Toda la farmacia iba en la nao Trinidad.

Vacas: 6

Nao Trinidad: 2 vacas; Nao Santo Antonio: 1 vaca; Nao Concepción: 1 vaca; Nao Vitoria: 1 vaca; Nao Santiago: 1 vaca

Arroz: 222 libras.

Nao Trinidad: 100 libras; Nao Santo Antonio: 50 libras; Nao Concepción: 30 libras; Nao Vitoria: 30 libras; Nao Santiago: 12 libras

Cantidad de dinero que se pagó por los bastimentos de la flota

Trescientos setenta y dos mil, quinientos y diez maravedís que costó el bizcocho que va en la dicha Armada, en esta manera: los 363.048 maravedís que costaron 20138 quintales 3 libras de bizcocho que se compró a 170 maravedís quintal, y 60.375 maravedís que costaron 18 piezas de bizcocho que compraron con la nao Santiago, Bretona, y 20.655 maravedís que se gastó de alquiler de los sacos, y acarrear el bizcocho a las naos, según mas largamente parece por el libro

– Quinientos noventa mil maravedís que costaron quinientas ocho botas de vino que se compraron en Jerez, que de primero coste costaron 511.347 maravedís, las cuales se compraron a diversos precios, según por el dicho libro parece: y los 78.654 maravedís que se hicieron de costas sobre los dichos vinos, en esta manera:

370.870 maravedís de flete: 18.428 maravedís de ir acarretos: 6.324 maravedís, que se dieron a Gonzalo Diez por noventa y tres días que anduvo en cientos veinte pipas; 6.115 maravedís que costaron los corchos y escoperoles, y correos que se hicieron de Sevilla a Jerez sobre dicho vino: 4.9790 maravedís que gastó Juan Nicolás, en el tiempo que anduvo sobre la compra de ello: 1.806 maravedís de hombres que estuvieron en la guarda mientras lo cargaban y descargaban en Jerez y en Sevilla.

Hecha repartición por el pan y vino y aceite, que es lo principal que ha menester el Armada, conforme a la gente que en ella va y los mantenimientos que lleva, hallo que sale por persona repartido por 237 personas que van en la Armada, de bizcocho a razón de 9 quintales, 17 libras por hombre, de vino a razón de una pipa, 20 arrobas, y 2 azumbres por hombre, quedándole  media azumbre de ración cada día, lleva para dar 756 días, y a un tercio de azumbre para 1134 días.

De aceite a razón de dos arrobas por hombre.

Los bizcochos de dicha armada costaron 372.510 maravedís repartidos de la siguiente forma: 363.480 maravedís que costaron 2.138 quintales a 170 maravedís el quintal y 6.375 maravedís que costaron 18 piezas de bizcocho que compraron con la nao Santiago Bretona y 2.655 maravedíes que costaron el alquiler de los sacos y el acarreo de dichos bizcochos.

590.000 maravedís que costaron 508 botas de vino que se compraron en Jerez a distintos precios, incluidos 18.428 maravedís del acarreo, 6.324 maravedís que dieron a Gonzalo Díez por los 93 días que estuvo comprando dichos vinos, 1.806 maravedís para los hombres que vigilaban en las cargas y descarga en Jerez y en Sevilla y 4.790 maravedís que le dieron a un tal Juan Nicolás por los gastos que tuvo en la compra del vino.

23.037 maravedís que costaron 50 hanegas de habas, 90 hanegas de garbanzos y 2 hanegas de lentejas

58.425 maravedís que se pagaron por 47 quintales y 5 arrobas de aceite de comer.

62.879 maravedís que costaron 200 barriles de anchoas, 166 docenas de alvarino secos, cazones y 9 docenas de dentudos, 3 docenas de conudillas, 17 arrobas y veintitrés libras de vastina seca.

43.908 maravedís que costaron 57 quintales y 12 libras de tocino fresco.

17.735 que costó la carne  a razón de 14.000 maravedíes de 7 vacas  que se compraron en Sanlúcar de Barrameda para el viaje y 1.180 maravedíes de 3 cochinos y 2.560 que se gastó en carne de la tripulación antes del viaje en Sanlúcar de Barrameda.

26.434 maravedíes que costaron 984 quesos que pesaron 112 arrobas y 16 libras.

393.623 maravedís que costaron los barriles, pipas y todo tipo de envases a razón de 230.017 maravedís que costaron 417 pipas; 253 botas y 45 toneles para almacenar el vino y el agua. 125.073 maravedís que costaron 3.293 arcos de toneles, botas y pipas. 17.558 maravedís para rebatir ciertas botas y pipas. 4,925 maravedís en las vasijas del aceite. 2.625 maravedís que costaron 75 arcos de barriles. 4.798 maravedís que costaron 250 liazas de mimbres que llevaban de respeto. 4.216 maravedís que costaron 43 flejes de arcos de respeto. 3,511 maravedís para los barriles que albergaban los quesos y 129 botijas para albergar el vinagre entre otras necesarias.

15.451 maravedís costaron 21 arrobas  y 9 libras de azúcar que se compraron a razón de 720 maravedís la arroba.

3.655 maravedís que costaron 200 arrobas de vinagre que se trajeron de Moguer.

2.198 maravedís que costaron 250 ristras de ajos y 100 manojos de cebollas.

5.997 maravedís que costaron 18 quintales de pasas de sol y de lejía.

1.130 maravedís que costaron 16 cuarteroles de higos.

2.922 maravedís que costaron 12 hanegas de almendras con cáscara.

8.980 maravedís que costaron 54 arrobas y dos libras de miel envasada.

750 maravedís que costaron 2 quintales de carnelas pasas.

1.554 maravedís que costaron 3 jarras de alcaparras.

1.768 maravedís que costaron ? caíces de sal (no aparece la cantidad en el original).

1.575 maravedís  que costaron  3 quintales y 22 libras de arroz.

380 maravedís  que costaron una hanega de mostaza.

5.779 maravedís que costó la carne de membrillo  (sin especificar peso o unidades).

13.027 maravedís que costaron cosas de la botica, tales como medicinas, agua destilada, aceites, ungüentos, etc.

5.927 maravedís que costaron 5 pipas de harina.

Utensilios para las cocinas y de las despensas de las naos:

21.515 maravedís que costaron los instrumentos de cobre de las naos y que constaron de los siguientes elementos: 6.165 maravedís que costaron cinco ollas grandes que pesaron 280 libres; 3.700 maravedís que costaron cinco calderos y que pesaron 132 libras; 7.695 maravedís que costaron dos hornos que pesaron 171 libras; 1.215 maravedís que costó una caldera que pesó 27 libras; 2.200 maravedís en una caldera para cocer brea y 540 maravedís para ensolar de cobre una caldera.

884 maravedís que costaron 10 cuchillos grandes.

516 maravedís que costaron 42 vasos de madera para las raciones de vino y agua.

204 maravedís que costaron cinco cucharas grandes de hierro.

5.834 maravedís que costaron 100 galletas, 200 escudillas, 100 tajadores, 66 platos de madera, 12 morteros, 62 gamellas que vinieron de Bilbao.

330 maravedís que costaron 12 embudos de lata, 6 grandes y 6 pequeños.

653 maravedís que costó un almirez con su maja para la botica.

3.622 maravedís que costaron 35 candados para guardar las despensas.

30.254 maravedís que costaron los aparejos de pesca y que constaban de 2 chinchorros, 6 anzuelos de cadenas, los corchos para aderezar los chinchorros, los cordeles aparejados para la pesca, los arpones que vinieron de Vizcaya y los 10.500 anzuelos.

Resulta curioso que se hizo y contabilizó los gastos que ocasionaron los pilotos que llevaron a las naos desde Sevilla a Sanlúcar de Barrameda, a los que se les pagó 3.700 maravedís y a los que lo sacaron de la barra de Sanlúcar 1.985 maravedís.

Los sueldos que se pagaron ascendieron a 1.154.504 maravedís para las 237 personas, siendo el salario de 4 meses por adelantado.

Todos los gastos que se pagaron para la expedición ascendieron a 8.751.125 maravedís.

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A estos gastos habría que sumar lo que costaron los barcos y los gastos auxiliares para armarlos y traerlos a Sevilla, como por ejemplo los siguientes:

Doscientos veinte y ocho mil setecientos cincuenta maravedís, que costó la nao nombrada la Concepción, que es de porte de noventa toneles.

Trescientos mil maravedís que son costo la nao Vitoria, que será de porte de ochenta y cinco toneles.

Trescientos treinta mil maravedís que costó la nao nombrada Santo Antonio, que es de porte de ciento y veinte toneles.

Doscientos setenta mil maravedís que costó la nao nombrada la Trinidad, que es de porte de ciento y diez toneles.

Ciento ochenta y siete mil y quinientos maravedís, que costó la nao Santiago, que es de porte dé setenta y cinco toneles.

Veinticuatro mil ciento ochenta y ocho maravedís que se hizo de gasto en traer las naos de Cádiz y Sanlucar de Barrameda a Sevilla, y los tres mil setecientos y cincuenta maravedís que gastó el factor Joan de Aranda en ir de Sevilla á Cádiz á comprar las dichas naos. Etc.

Una vez armados los barcos y completados de bastimentos las naos, en la madrugada del 10 de agosto de 1519, la tripulación oyó misa y rezó en la capilla de la Virgen de la Antigua en la catedral de Sevilla, unas horas más tarde un gentío descendió desde el barrio de Triana hasta los arenales del río Guadalquivir encabezados por un hombre con marcada cojera, el capitán general de la armada de una flota de cinco naves con sus 239 tripulantes; en sus cabezas el sueño de alcanzar las islas de las especias que estaban hacia poniente, en la otra parte del mundo, demostrando con su valentía que la Tierra era realmente esférica y que había un paso entre el océano Atlántico y el Pacífico, al sur de la todavía ignota América y en cuya aventura casi todos morirían.

Al medio día la armada abandonó el llamado puerto de Las Mulas de Sevilla, descendiendo hasta Sanlúcar de Barrameda, para ultimar los últimos bastimentos y de allí, el 20 de septiembre, hasta el último puerto conocido a este lado del océano, Santa Cruz de Tenerife, en las islas Canarias. Tras un par de semanas la expedición abandonó las islas para costear las tierras africanas de Sierra Leona y tras cuatro meses de navegación cruzar el océano y llegar a la bahía de Río de Janeiro.

Foto del autor

En la Nao Vitoria, un hombre que penaba en Sevilla, experto marino, estaba como maestre y fue el que al final capitaneó lo que quedaba de la armada y que terminó el periplo, Juan Sebastián Elcano, llegando a Sevilla en la mañana del 9 de septiembre de 1522.

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