Primera vuelta al mundo, segundo capítulo

Este trabajo es la segunda parte y última de otro nuestro que trata sobre el abasto y el comienzo de la navegación, con costos de la armada, que dio la primera vuelta al mundo al mando de Fernando de Magallanes que puede leer si presiona aquí.

Retomando la narración donde la dejamos, los barcos llegaron a tierras americanas, tras cuatro meses de navegación, recalando en la bahía de Río de Janeiro descendiendo costeando siempre hacia el sur, donde encontraron una gran corriente de agua que pensaron que era el soñado paso hacia el océano Pacífico, hasta que comprendieron que era un río, el del Plata, tiempo perdido porque cuando emprendieron la marcha hacia el sur les sorprendió el invierno austral en marzo de 1520, refugiándose en una abrigada ensenada que llamaron de San Julian, donde tuvieron que fondear los barcos durante cinco meses haciendo reparaciones.

El frío, el hambre y las agotadoras jornadas de trabajo llevaron el desánimo a algunos de los embarcados, capitaneados estos por Juan de Cartagena más los otros capitanes de las naos,  motín que fue sofocado por Magallanes, abriendo fuego contra los barcos rebeldes, ajusticiando por degollamiento a los desleales Luis Mendoza y a Gaspar de Quesada, descuartizándolos con pregón de traidores, y dejando en tierra a su suerte al cabecilla, Juan de Cartagena y al clérigo Pedro Sánchez de la Reina, perdonando al resto de la tripulación, más de cuarenta hombres, por ser necesarios para el servicio.

En este espacio de tiempo se alimentaron con lobos marinos, aves, pescado y las provisiones que les quedaban en las naos.

En el mes de junio de 1520 trascribo el encuentro con los nativos por lo entretenido: “parecieron seis indios que querían ir á las naos, adonde los condujo el esquife, y entrados en la Capitana, el General les mandó dar una caldera de mazamorra, que hartaría á veinte hombres; pero la comieron toda, porque eran más grandes que el mayor hombre de Castilla: vestían mantas de pellejos: sus armas eran arcos como de media braza y flechas con puntas de pedernales agudos y habiendo comido y visto las naves, dijeron que se querían ir, y los pusieron en tierra. Los castellanos les llamaron Patagones por tener disformes pies, aunque no desproporcionados á su estatura.

Otro día llegaron dos indios que trajeron una danta, de cuyo pellejo eran sus mantas, y Magallanes les dio dos ropetas encarnadas con que fueron contentos. El día siguiente llegó otro con una danta, manifestó que quería ser cristiano, le pusieron por nombre Juan Gigante; y viendo echar al mar algunos ratones, dijo que se los diesen que los quería comer: durante seis días se entretuvo en llevar a tierra cuantos ratones se mataron, después no volvió más”.

El 21 de agosto de 1520 zarparon de nuevo, siempre en dirección sur, esta vez capitaneados por los portugueses que les eran fieles a Magallanes y tras perder la nao San Julián, que había naufragado al zozobrar con unos bajíos rocosos, redistribuyendo a los marinos damnificados en los otros barcos.

A primeros de noviembre, pese al mal tiempo, con fuertes vientos en contra se dentraron en el estrecho que llamaron de Todos los Santos, repleto de islas y canales que les hacían perderse, donde veían en la noche infinitas hoguera, por eso llamaron a aquellas tierras, según Pigafetta cronista de la expedición, Tierra del Fuego.

Ante aquella maraña de islas mandó Magallanes dividir la flota, momento que aprovechó el capitán Esteban Gómez y su nave para volver a España, donde sería encarcelado a su llegada.

A finales de noviembre, por fin, encontraron la desembocadura del estrecho y las tres naves que habían sobrevivido salieron al Océano Pacífico, habían encontrado y fueron conscientes aquellos marinos de haber hallado una nueva ruta sin tener que circunnavegar África y sin pagar peaje en la ruta de los portugueses, demostrando que, ahora sí, la tierra era esférica.

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Si nos puede parecer que ya habían pasado lo peor estamos equivocados porque en ese momento pasaron por lo más difícil de la travesía, navegaron por tres meses por un océano que les tuvo que parecer infinito, con los alimentos agotados y teniendo que comer hasta el cuero que cubrían los mástiles y las velas o comiendo ‘taburones’ (tiburones), padeciendo de escorbuto y diezmando a la marinería, a lo que había que añadir la casi ingobernabilidad de los barcos que estaban atacados por la broma (un pequeño molusco que destrozaba la madera de las naos).

El 6 de marzo de 1521, al alba avistaron las primeras islas de Las Marianas, que llamaron de los Ladrones porque sus habitantes les robaban todo lo que podían de las naos y también de las Velas Latinas.

Los aborígenes se alimentaban de cocos, ñame, arroz y productos de la pesca que les sirvió a los famélicos marinos tras un desagradable encuentro con los nativos que les robaron el esquife de la capitana y cuyo botín, más el agua, se repartió para todos por igual.

Fueron hacia el oeste llegando a la isla de Gada y posteriormente a la de Mazaguán donde fondearon frente a un poblado intentando mercadear con los nativos e intentado buscar comida, mercadeándose cuatro puercos, tres cabras y una cantidad de arroz, eso ocurría el día de Pascua de Resurrección de 1521.

Siendo tan escasos los víveres conseguidos recalaron en la isla de Cebú donde por fin consiguieron, tras negociar el intercambio por cascabeles y cuentas de vidrio, gran cantidad de gallinas, puercos, cabras, arroz, mijo, cocos, ñame y frutas.

El rey de aquellos indios, tras celebrar una  isa quiso agasajas a Magallanes y algunos de sus principales con una comida en la casa real donde les dieron de comer una especie de pan que llamaban sagú que estaba hecho del tronco de ciertos árboles semejantes de la palma, cortados en piezas y fritos en aceite, ofreciéndoles también aves, frutas y un vino o licor que sangraban de la palma y fermentaban

En pocas jornadas arribaron a la isla de Samar de Filipinas, donde comenzó la desgracias de casi todos, ya que días después arribaron a la isla de Mactan, donde Magallanes se interpuso en una disputa de dos jefes locales, tomando partido por uno de ellos que había prometido vasallaje al rey de España y hecho cristiano, atacando al cacique llamado Cilapulapu, con medio centenar de hombres. El 27 de abril de 1521, los españoles fueron sorprendidos por unos dos mil nativos, muriendo Magallanes en el combate.

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Asumió el mando Duarte de Barbosa, primo del fallecido capitán general. Poco después Barbosa moriría asesinado junto a otros capitanes y marineros en una trampa tendida por el rajá de Cebú. Huidos y refugiados en la isla de Bohol, los 115 hombres supervivientes, designaron al piloto Juan López de Carballo jefe de la flota. También decidieron quemar la nave Concepción, infestada de broma y desencuadernada por las tempestades.

A finales de septiembre de 1521, y ante la manifiesta ineptitud de mando, Carballo fue destituido, asumiendo la capitanía de la nao Victoria el guipuzcoano Juan Sebastián Elcano y Gómez de Espinosa de la Trinidad. Las dos naves, cargadas de clavo y otras especias, llegaron a Tidore, en las Molucas, a principios de noviembre. Ante el lamentable estado de la Trinidad decidieron que, mientras se reparaba, Elcano partiría hacia España lo antes posible por la ruta de la India, intentando esquivar a los portugueses.

La nao Trinidad, una vez reparada, intentó regresar a América por el Pacífico, pero una fuerte tormenta le obligó a pedir auxilio a los portugueses, quienes retuvieron a los 17 marineros supervivientes, de los cuales solo cinco regresaron a Europa años después.

Por su parte, Juan Sebastián Elcano pilotó su nave alejado de los portugueses. Cruzó el océano Indico, atravesó el peligroso cabo de las Tormentas, dobló el cabo de Buena Esperanza y siguiendo la costa occidental africana arribó a la isla de Cabo Verde, donde fue retenido por el gobernador luso, aunque merced a un engaño logró escapar y llegar finalmente e España.

Hasta aquí un extracto de la odisea, donde de forma clara queda constancia, pese a querer apropiarse España sin llegar a comprenderlo, de la mitad del mérito de la aventura ensalzando a Sebastián Elcano por ser de nacimiento español, cuando lo que hizo fue el capitanear la parte fácil del trayecto y ya conocida por todos, sin quitarle el mérito de formar parte de los supervivientes de esta gesta.

Aconsejo leer estos trabajos nuestros:

Historia del escorbuto: capítulo I

Historia de la alimentación en los barcos

La nao de China

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